Canto a la cantera

Hay un lugar en mi pueblo que llamamos la cantera tiene un bonito paisaje y una alargada alameda. ¡Cantera… Cantera brava, paso de grandes borrascas con sus empinadas cuestas y con sus recias escarchas. Y no nací un siete de Marzo con los almendros floridos, llegaban las golondrinas buscando sus viejos nidos. Llegué al mundo un domingo cerca de la primavera con repique de campanas para la misa primera.

Tenía aquella casita ventanas mirando al río desde allí veía Alborge con su barca y sus olivos. Cantera de mi niñez con rachas de vientos fríos donde las casas se asoman para ver pasar el río. Cruce el Ebro la cantera y da una vuelta laboriosa por Montler, Huerta del Caño.

La Parte de allá y la Rosa. Junto a la ribera están con un cierto desnivel las calles de San Antonio, la Mayor y San Miguel. Los mozos a la Cantera se asomaban con presteza, las mozas subían cántaros llenos de agua en la cabeza. Zarzales junto a la acequia crecían con gran esmero pero al quitarles las moras nos pinchaban en los dedos. Y un aljibe que llamaban Zafarache del tío Fillo que guardaban las anguilas que pescaban en el río.

Junqueras por la vereda con su color verde mar hacíamos con los juncos barquitos para jugar. Chopos con su grata sombra cuyas hojas plateadas daban cobijo a gorriones y sesteaban urracas. En los remansos del río donde lavaban la ropa, saltaban los pececillos al oír cantar la jota. Mantos de musgo en la orilla mezclados de arenas quietas también crecían los cardos y blancas caracoletas. Mi madre, al lado del agua sobre una piedra alisada nos enseñaba a lavar cuando hacía la colada.

También cerquita del río fregábamos la vajilla reluciendo las cucharas con arena de la orilla. ¡Ay¡ ¡La Azud¡ de la Cantera como una enorme serpiente con sus escamas de piedra aguantando la corriente. Arroyuelos cantarinos adornaban la mejana y en las noches de verano daban concierto las ranas. en tus aguas como espejos blancas nubes al pasar se miraban coquetonas en tu ruta hacia el mar.

Ahora tus aguas son turbias han perdido su esplendor el progreso de los hombres mancha este don de Dios. Aquellas aguas tan claras que antaño vimos pasar ¿Donde están aquellas aguas? ¡Donde habrán ido a parar¡…

Texto: Tomasa Carreras Alda
Fuente: Libro Recuerdos de Sástago

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