Dichos, frases, tópicos y otras curiosidades

TERTULIAS DE LA MANQUETA.- DICHOS Se nos ocurrió en una de nuestras animadas tertulias investigar sobre frases que utilizamos continuamente pero que no sabemos de donde proceden. Desarrollamos entre los tertulianos y tertulianas una tormenta de ideas sobre dichos que nos vienen a la cabeza y aquí van unos cuantos que iremos ampliando en próximos envíos si os gusta el tema.

Saltarse algo a la torera

Significa, literalmente, “soslayar una obligación o un compromiso”, o no cumplir un deber. El salto a la torera es saltar sobre algo apoyándose en ello con una o ambas manos y pasando por encima el cuerpo con los pies juntos sin rozarlo.

En los juegos del toro, antecedentes de las corridas de toros actuales, se saltaba el animal con una pértiga. Así, el dicho ha tomado al toro por una obligación y el no saltar con la pértiga se refiere al descaro de la persona, que debe y no quiere.

Salir a la palestra

También conocido como “saltar a la palestra”, se dice de quien toma parte activa en una discusión o competición públicas, o de lo que se da a conocer. La palestra (“gimnasio”, en italiano) era una especie de patio con portales, donde los griegos y romanos practicaban deportes. Este recinto también se empleaba como escenario para obras de teatro, concursos literarios, reuniones o discusiones en público. De ahí el dicho.

Más miedo que vergüenza

Se dice que esta frase es originaria de los ejércitos, donde había soldados que desertaban debido al miedo que les provocaba la posibilidad de morir. Esta deserción, además del consabido consejo de guerra, ponía en evidencia la cobardía de la persona, que prefería esto a ir a combatir.

A la vejez, viruela

“Viruela” tiene dos acepciones bien diferentes. La primera es la enfermedad aguda, febril, esporádica o epidémica, contagiosa, caracterizada por la erupción de gran número de pústulas, así como las pústulas producidas por ella. La segunda es más benigna, y se refiere al granillo que sobresale en la superficie de ciertas cosas; como una planta, un papel, etc.

Este dicho expresa algo que no se ha hecho en la juventud, pero sí cuando se es anciano, así como estos granillos aparecen en la vejez. En una obra de Manuel Bretón de los Herreros (1793-1876) que se titula
precisamente A la vejez viruelas, se cuenta la historia de dos ancianos enamorados, lo que hace hincapié en el sentido original del mismo.

Sacar a alguien de sus casillas

Frase coloquial con el significado, para quien se refiera, de “alterar su método de vida” o, más comúnmente, “hacerle perder la paciencia”.

Su origen podría deberse a los juegos de mesa con tableros de fichas, cada una de las cuales ocupa una casilla. En algunos de ellos, es necesario desplazar una pieza a otro lugar, dejando la casilla actual; por ejemplo, el tres en raya.

A pierna suelta

“Dormir a pierna suelta” significa descansar profundamente, feliz, sin preocupación alguna. Aunque no se sabe a ciencia cierta, alguna teoría anuncia que esta expresión procede de la cárcel, donde los presos solían dormir con grilletes en los tobillos. La medida de gracia era “dormir a pierna suelta”.

Jugar con fuego

La obviedad de esta frase evidencia su procedencia: indica que se actúa de manera arriesgada o utilizando algo dañino de por sí. La consecuencia de tal hazaña puede ser negativa. Por el tipo de elemento (el fuego) se utiliza también para aleccionar, en sentido moral, sobre acciones candidatas al castigo.

Echar un polvo

Dos acepciones incluye la Real Academia Española de la Lengua sobre el concepto polvo, que están relacionadas con el significado y procedencia de este dicho. Una de ellas es “m. En el lenguaje de la droga, heroína”. La otra, “coloq. vulg. coito. Echar un polvo”.

Y es que hoy en día esta expresión equivale, sencillamente, a copular, si bien en sus orígenes su significado era bien distinto, más en relación con la primera definición facilitada.

Echar un polvo se empleaba como sinónimo de consumir rapé (polvo de tabaco, también conocido como “polvo de Sevilla”). Dicha droga era de uso común entre los nobles españoles, quienes, cuando se retiraban a “echar un polvo”, se referían precisamente a esta consumición.

El cambio de significado parece tomado del Génesis, y más en concreto de la liturgia “del polvo vienes y en polvo te convertirás”, y del evidente silogismo que lo popular hizo de esto.

¿Quién te ha dado vela en este entierro?

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, no darle a alguien vela en, o para, un entierro es una frase coloquial significa “no darle autoridad, motivo o pretexto para que intervenga en aquello de que se esté tratando”.

La procedencia data de cuando los únicos con derecho a portar una vela en un velatorio eran los familiares y amigos más allegados al fallecido. Todavía hoy en día se portan velas, si bien no es tan común.

Como Pedro por su casa

Expresión que significa que se está realizando algo con total y absoluta libertad, Moverse como si uno fuera dueño del lugar.

Probablemente proviene de la toma de la ciudad de Huesca (España) por el rey Pedro I. Dicha batalla (describe la página del Ayuntamiento de Huesca), librada a las afueras de la ciudad, enfrentó de un lado a un gran ejército musulmán que acudió a socorrer la ciudad, a las ordenes de Al-Mustain, rey de Zaragoza que contaba como auxiliares con tropas castellanas, y del otro, a las tropas de aragoneses y navarros bajo el mando de Pedro I. La victoria fue para éste y Huesca, exhausta y desmoralizada, se rindió a los aragoneses pocos días después.

Como curiosidad añadida, alrededor de la Batalla de Alcoraz se tejieron en época medieval leyendas que relataban la aparición de San Jorge en el fragor del combate.

Salvarse por los pelos

Al parecer, este dicho proviene de tiempos de piratas y marinos, de siete mares y descubrimientos, cuando nadie, ni los mismos marineros, sabía apenas mantenerse a flote. Entre otras cosas, no se exigía saber nadar para ingresar en una tripulación.

Cuando caían al agua, si eran salvados solía ser porque algún compañero le agarraba de los largos pelos de su cabeza. Se dice incluso que por este motivo los marineros se revelaron contra una orden que les exigía, por razones higiénicas, cortarse el pelo, y que sus protestas fueron atendidas por el Rey.

Texto: José Fernando Benito Gascón

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *