El Castillo De La Palma: últimos vestigios musulmanes en Sástago

El Castillo puede ser de época musulmana a juzgar por su forma constructiva y su aparejo, aunque pudo ser modificado tras su conquista cristiana. No se conocen tenencias ni nombres de sus dueños, por lo que pudo ser siempre de realengo. Se sabe que en 1199 Pedro II atravesaba por grandes dificultades económicas, por lo que empeñó algunas villas y castillos a favor de diversos señores feudales, el Castillo de la Palma y Sástago fueron adquiridos por Artal de Alagón por 5.000 morabetinos.

Fueron recuperados más tarde para la Corona y pudieron estar en el señorío del obispo de Zaragoza, aunque en 1232 consta la cesión hecha por Jaime I a Blasco de Alagón a cambio de Morella y María de Huerva. A partir de entonces, la villa ya estuvo vinculada a esta familia señorial, una de las ocho grandes del Reino, y sus descendientes acrecentaron el patrimonio familiar con la anexión realizada por Artal II de Alagón, de Pina en 1293, y otros lugares de la ribera del Ebro.

En 1511 fueron nombrados condes de Sástago y desde entonces serían considerados como una de las ocho grandes familias nobles del reino. Extinguidos los Alagón en 1651, el condado recayó en 1693 en una rama de los Fernández de Córdoba. Según Pascual Madoz, en 1848 el Castillo aún servía de palacio al señor del lugar, en el siguiente siglo fue ocupado como cuartel de la Guardia Civil.

El Castillo se encuentra actualmente sobre una loma rocosa denominada de la Rosa que domina el curso del Ebro, a unos kilómetros al oeste de la población, con acceso por pista de tierra que nace en la misma entrada a ésta. Es una construcción militar de unas dimensiones aproximadas a los ochenta y cinco por veinte metros en sus ejes, su planta es ovalada y muy irregular para adaptarse a la cumbre del monte donde se asienta. Se conservan parte de sus dos recintos fortificados construidos con piedra sin labrar y de obra muy tosca; las murallas del recinto exterior son de mampostería y tapial y parcialmente enlucidas; están reforzadas por torreones cuadrados sobresaliendo de la línea del muro.

Fachada Virgen del Pilar.El ingreso al recinto superior se hace a través de una puerta modernizada en arco de medio punto; inserta entre dos torreones de tapial y piedra y situada junto a la torre principal, en retranqueo sobre el muro. Tras el ingreso se sitúa el patio, donde ha quedado al aire la entrada de un profundo túnel que lleva a extramuros, junto a la vertiente que da al río. Al frente se encuentra la iglesia, construida en el siglo XVIII y dedicada a la Virgen del Pilar; es de estilo barroco y ábside poligonal con capillas en los laterales de su única nave.

A la derecha destaca un torreón por su robustez y altura, es rectangular de ocho por seis metros y su alzado ligeramente tronco-piramidal; interiormente poseía cuatro plantas y conserva dos saeteras abocinadas de perfil triangular en la tercera planta, ha perdido el remate y parte de la cara que mira intramuros.

Tras la iglesia hay restos de diversas edificaciones, destacando un arco de ladrillo que perdura entre los muros medio caídos de la mansión señorial, donde se conserva una sala que pudo ser capilla, en ella se
ven algunos restos de bóveda estrellada. Al fondo, en el lado más estrecho, presenta un torreón rectangular que defendía todo el flanco; en su interior quedan algunos paredones correspondientes a estancias y puesto de vigía. Un paredón divide éste espacio del resto de la fortaleza. Por el lado que mira a la ribera las paredes tienen menor altura y presenta dos torreones de planta cuadrangular ligeramente ataludados y sobresaliendo en planta la línea fortificada.

Texto: Víctor Sariñena (Vicsar).
Fuente: La Voz de la Tercera Edad; Junio de 2000

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