Hay que limpiar las riberas

Es necesario proceder a la limpieza de las orillas del río a su paso por nuestro pueblo solicitando permiso a Medio Ambiente, así como a la Confederación Hidrográfica del Ebro para que autoricen talar parte de la línea de chopos rajados, secos, apolillados y carcomidos que afean el paisaje y acabar también con los hierbajos del entorno. En el lado opuesto, tras la presa, hay que limpiar la zona boscosa de esas brozas varadas que, al haber sido arrastradas por las aguas, han quedado atrapadas entre la frondosidad, ofreciendo un aspecto descuidado, ¡denigrante!

La característica principal del lugar es un islote-soto, con valores térmicos de frescor ambiental, que atrae a muchos animales y a diversas especies de aves, garzas, patos, becada o chocha cigüeñas, etc. El volumen en cuestión bien aseado, respetando siempre la espesura, podrían los ecologistas darse cuenta de que el valor de humedad ganaría mucho más al estar perfectamente cuidado, como debe de ser.

En estos días de estío, de intenso calor y de sequía persistente, con la merma muy considerable de agua, el cauce en su nivel más bajo, con bolsas o recodos de estancamiento, de los que emergen mosquitos y
numerosos artrópodos como la mosca común, la araña, el ciempiés, la langosta y el grillo en su canto de impertinente sonido en las noches serenas.

Sin que se tome como una comparación, que como se dice comúnmente resultaría odiosa, pero sí como ejemplo, en el viaje que hice recientemente a Portugal daba gusto ver y contemplar las riberas del Duero en
Oporto, las del Mondego en Coimbra y por supuesto el Tajo en Lisboa. Éste al desembocar en estuario, boca de río ancha e inmensa, donde la marea alta forma un brazo de mar, ofrece una visión inolvidable. Y recientemente en este mes de julio, en Francia era todo un espectáculo observar la corriente de agua clara
del Gave de Lourdes, canalizado a su paso por la población.

En circunstancias normales, en el lecho sería posible apreciar sus enormes particularidades, desde su manar en Fontibre, él mismo ha cortado su valle; él, como diría un poeta ha esculpido sus meandros y
sinuosidades, y entre las orillas sobre el fondo esa masa líquida se va renovando y crea esa atmósfera diáfana para que nuestras miradas penetren y distingan todos los episodios grandes o pequeños, pasajeros o persistentes de espectáculo de vida.

Texto: Víctor Sariñena (Vicsar)
Fuente: Publicación nº 62 de La Crónica de la Ribera Baja del Ebro

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