agosto 19 th
Hay que limpiar las riberas
Es necesario proceder a la limpieza de las orillas del rÃo a su paso por nuestro pueblo solicitando permiso a Medio Ambiente, asà como a la Confederación Hidrográfica del Ebro para que autoricen talar parte de la lÃnea de chopos rajados, secos, apolillados y carcomidos que afean el paisaje y acabar también con los hierbajos del entorno. En el lado opuesto, tras la presa, hay que limpiar la zona boscosa de esas brozas varadas que, al haber sido arrastradas por las aguas, han quedado atrapadas entre la frondosidad, ofreciendo un aspecto descuidado, ¡denigrante!
La caracterÃstica principal del lugar es un islote-soto, con valores térmicos de frescor ambiental, que atrae a muchos animales y a diversas especies de aves, garzas, patos, becada o chocha cigüeñas, etc. El volumen en cuestión bien aseado, respetando siempre la espesura, podrÃan los ecologistas darse cuenta de que el valor de humedad ganarÃa mucho más al estar perfectamente cuidado, como debe de ser.
En estos dÃas de estÃo, de intenso calor y de sequÃa persistente, con la merma muy considerable de agua, el cauce en su nivel más bajo, con bolsas o recodos de estancamiento, de los que emergen mosquitos y
numerosos artrópodos como la mosca común, la araña, el ciempiés, la langosta y el grillo en su canto de impertinente sonido en las noches serenas.
Sin que se tome como una comparación, que como se dice comúnmente resultarÃa odiosa, pero sà como ejemplo, en el viaje que hice recientemente a Portugal daba gusto ver y contemplar las riberas del Duero en
Oporto, las del Mondego en Coimbra y por supuesto el Tajo en Lisboa. Éste al desembocar en estuario, boca de rÃo ancha e inmensa, donde la marea alta forma un brazo de mar, ofrece una visión inolvidable. Y recientemente en este mes de julio, en Francia era todo un espectáculo observar la corriente de agua clara
del Gave de Lourdes, canalizado a su paso por la población.
En circunstancias normales, en el lecho serÃa posible apreciar sus enormes particularidades, desde su manar en Fontibre, él mismo ha cortado su valle; él, como dirÃa un poeta ha esculpido sus meandros y
sinuosidades, y entre las orillas sobre el fondo esa masa lÃquida se va renovando y crea esa atmósfera diáfana para que nuestras miradas penetren y distingan todos los episodios grandes o pequeños, pasajeros o persistentes de espectáculo de vida.

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