Historia de Rabadanes

foto1Desde Tiempos inmemoriales los rebaños de ovejas hacen el recorrido entre la montaña y el llano es lo que se conoce como trashumancia. Los grandes rebaños de ovejas suben a la montaña en verano y en invierno bajan a los llanos porque los ricos pastos de las montañas se cubren de nieve.

Hace algunos años en la época del invierno, bajaban al monte de Sastago unos montañeses a pastar sus ovejas.

Era una cuadrilla de esas que moraban en el monte todo el invierno en un Más preparado para esos menesteres.

La formaban el mayoral o encargado y dos rabadanes, que eran los aprendices, muchachos de corta edad que por ganarse unas perras dejaban los estudios para ejercer la labor de pastoreo.

Los rabadanes de la montaña, eran gentes normalmente más rudimentaria y de menos cultura que los del llano, ya que no asistían a las escuelas precisamente por dedicarse al cuidado del ganado durante todo el año.

foto2Cuentan de ellos, que cuando el mayoral hacía la comida se fijaban en los ingredientes que a la sartén echaba para hacer el guiso y así aprendían, en los quehaceres culinarios.

En una ocasión que se quedaron solos, por irse al pueblo el mayoral, Tuvieron que hacerse ellos la comida del día, el mayoral antes de irse les indico donde estaban los ingredientes.

Entre los dos se hicieron la comida tal y como habían aprendido de su mayoral, pero cuando tocaba echar la sal en el guiso se dijeron:

– De esto siempre echa poco, ahora que no esta el mayoral echemos abundante que será bueno.

Aquel día no comieron, por salado. Con esto nos damos cuenta de la ignorancia de esta pobre gente.

Sobre esa cuadrilla me contaron la siguiente historia:

Los muchachos, en sus largas horas de conversación con el mayoral, le contaron que no sabían lo que era ir a misa, el mayoral intentando que sus rabadanes cumplieran con la obligación de ir a misa al menos de ciento a viento, les dijo un domingo; bajad al pueblo uno y al siguiente domingo el otro, ir a la iglesia asistid a la misa y volved.

Los rabadanes que nunca habían quedado solos en semejante circunstancias la preguntaron a su mayoral donde deberían ir para asistir a la misa, a lo cual el mayoral les dijo: donde veas que entra mucha gente eso es la iglesia, y haz lo que veas hacer, lo que la gente hace.

Así pues el domingo por la mañana madrugó el rabadán que tenia que ir al pueblo, se cambio de muda limpia y se bajo al pueblo, concurriendo la casualidad, que aquel domingo había boda, como le indico el mayoral vio que se metía mucha gente en el edificio, así lo hizo, entro en un salón con mucha gente con mesas llenas de viandas bandejas con trozos de pollo, bandejas con lonchas de jamón, pan con tomate trozos de cordero guisado y un enorme recipiente con arroz con leche dulce.

Como vio que las personas comían sin parar, el hizo lo propio y se dio una comilona, cuando no pudo mas y viendo que la gente empezaba a marchar el hizo lo propio y se fue hacia el Más del monte, relamiéndose por el camino del riquísimo arroz con leche que había comido.

Al llegar al Más del monte, le contó al otro rabadán lo que le había acontecido:

– Chico, que bocados de pollo, y de cordero, que lonchas de jamón, eso si es un banquete y de postre arroz con leche.

Al domingo siguiente, el otro rabadán hizo lo mismo, se puso muda nueva y marcho para el pueblo, por el camino iba pensando en el festín que iba a darse.

Llego al pueblo vio a la gente meterse en la iglesia, el se metió también, pero se daba la circunstancia que aquel domingo no había boda, ya dentro de la iglesia miraba a su alrededor intentando descubrir las ricas viandas que su compañero le había descrito pero no vio nada, de pronto vio como todos metían la mano en la pila del agua bendita para santiguarse, él hizo igual y revolviendo con la mano por toda la pila del agua bendita, y al ver que solo había agua, dijo en voz alta:

– Lamineros os habéis comido los bocaus y a mí me habéis dejado el caldo.

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Relato de: Simón Ordovás
Adaptación texto y fotos: José Fernando Benito Gascón

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