Historia del Monasterio De Rueda publicada por VICSAR en 1983

La historia del Monasterio De Rueda es muy extensa. Victor Sariñena Gracia (Historiador y cronista de Sástago) la resume bien en un artículo que publico en Septiembre de 1983.

LOS MEANDROS DEL EBRO Y EL MONASTERIO DE RUEDA

El discurrir del Ebro, en su capricho natural por esta zona entre profundos meandros, que tras el plano de La Zaida se insinúan en Alforque y enlazan en Cinco Olivas y Alborge, tomando su mayor concepción en Sástago, cuyo nombre ostentan y así queda impreso en “Maravillas de la Península Ibérica” libro editado por Selecciones del Reader’s Digest, que al pie de una estupenda fotografía dice literalmente: “Meandros de Sástago (Zaragoza). Aquí el Ebro abandona su valle en artesa y se encajona en la plataforma de calizas terciarias, en las que ha inscrito sus meandros, aprisionados por los elevados escarpes calcáreos apretados lazos; el inferior se proyecta hacia el sur … Justamente se manifiesta todo ello en la fertilidad de sus huertas, sotos y mejanas, constituyendo parajes de gran belleza paisajística y esplendor colorista y desde siempre bien aprovechados por sus moradores desde los primeros tiempos la Sedeis o Sedeiscen de los sedetanos, con una posible ceca en la que se acuñaba moneda, la setisacun romana… un tanto oscurecido en la agenda arqueológica, más suerte en este menester han tenido la antigua Scatro … en la desembocadura del río Martín, las excavaciones de Chiprana o las del cabezo Monleón de Caspe sobre el Guadalope, Azaila, Romana, Velilla de Ebro por citar las más próximas. Aquí las muestras más visibles corresponden a la época árabe en las que pueden verse testimonios en las ruinosas fortalezas, horno de vidrio, noriales azudes y sistemas de riego, sistemas que con las consabidas mejoras se aprovechan en este siglo para importantes emplazamientos hidroeléctricos y de otra índole. Allí donde la zigzagueante marcha del agua entra de nuevo en artesa, se asienta el Monasterio De Rueda, precisamente en ese inferior meandro que se proyecta hacia el sur dentro del término municipal de Sástago, frente a Escatrón, recostado sobre el cerro, ennegrecido por los humos de la Térmica y teniendo como frontera el río, hoy superada por ese magnífico puente que acorta distancias y une a los pueblos.

HISTORIA, PRIMEROS PASOS COLONIZANTES

Podemos dar por cierto que tras la petición en el año 1152 al entonces Abad de Gimont, para que se establecieran en Aragón los monjes Bernardos, ofreciéndolo a la comunidad las tierras de “La juncería” confirmadas años más tarde le dan al Abad Raimundo el dominio de Lagata, cerca de Samper de Salz, gentileza de Dña. Petronila y de su marido Ramón Berenguer, pero al parecer esto no llena las apetencias colonizantes de los monjes… Profundizando un tanto en las vicisitudes que las abadías cistercienses que se iban formando en Europa occidental pasaban en sus comienzos, obligadas a establecerse casi siempre en terrenos incultos o desérticos, en medio de zonas boscosas o brezales, no extraña la labor de captación llevada a cabo, hasta hallar un asentamiento definitivo. Sus bienhechores les cedían, es verdad, grandes extensiones de los páramos que abundaban en sus dominios y a diferencia de los Benedictinos, a quienes se les había colmado por lo general de tierras cultivadas, los cistercienses, se dedicaron desde su origen a la labor de roturación.

ASENTAMIENTO EN LOS MEANDROS

Su labor de explotación y coloniación agrícola llegó a los meandros del Ebro al recibir en donación en el año 1165 el entonces lugar de Alborge. Hasta hace muy pocos años su huerta estaba oradada del secular olivo, cultivo que junto con la vid, y el cereal componían las preferencias de la comunidad de Rueda. La plaza de Sástago conquistada 32 años antes a los musulmanes por Alfonso I el Batallador, quedaba en poder de D. Artal de Alagón, segundo de nombre, por haberse distinguido en la batalla, pero sólo en calidad de “tenente” por lo que no escapaba a las apetencias que ya sin recato mostraba la comunidad en su posesión y ensanchamiento de nuevas tierras.

PROTECCION Y SUCESIVAS DONACIONES

Con la llegada al trono de Alfonso II, protector de la orden cisterciense, y fundador del monasterio de Piedra, los “Bernardos del norte” contaran con un biennhechor excepcional que aumentó el patrimonio y dominio de Juncería. La generosidad del monarca aragonés era bien aprovechada por los monjes que tras tomar posesión de Alborge, como he señalado anteriormente, en ese mismo año de 1165, recibían la granja de Asteroles y la de Aylés, ésta última de parte de D. Pedro Fernández de Huesca, fundador de la Juncería. Luego seguirían, Avaríes en 1169 , la granja de Gotor en 1175 y Muel en 1178.

D. Alfonso II, hijo de Dña. Petronila de Aragón y de D. Ramón Berenguer IV de Cataluña, continuó en el afán de proteger la casa de la Juncería y teniendo en cuenta los deseos de los monjes de trasladarse a sitio más apacible y deseando reservarse para sí la gloria de fundador, por carta de donación fechada en Huesca, en el mes de abril de 1182, cedía al Abad Guillermo Pérez, el castillo y villa de Escatrón “Según López Landa”, con todos sus términos, dominios y derechos, para que en el mismo término se construyese un nuevo Monasterio. Tal cesión causó el natural alborozo en la comunidad, por lo apartado y tranquilo, pero se resistían en principio a proyectar un nuevo traslado, no obstante comenzaron los arreglos de roturación y cultivo de las huertas de Escatrón muy deterioradas, mientras el grueso de la comunidad se guía en Junqueras. Pasaron los años y al final no se aclara la razón de fijar su asentamiento al otro lado del río Ebro, donde había un lugar pequeño o caserío llamado Roda 2 según el Lumen domun Rotae”. La verdad es que este castillo, era una fortaleza que al parecer pertenecía a los antiguos dominios del ya destronado Emir de Zaragoza, Amad Dola, legado que recayó a su muerte en su hijo Saif-d-Dola, el Zafadola.

Don Alfonso II, que además de protector del Cister, era un gran guerrero, conquistador del Rosellón y el Béarn, recobró la Provenza y fundó Teruel, gozaba de la faceta de ser astuto y un notable poeta. Sospecharon algunos, cronistas escribanos de la época que jugó una carta hábil, al calificar tal vez como Sitio Real a Rueda, para cortar disputas con el monarca de Castilla que reclamaba Rueda desde los tiempos de su padre, al alegar le había sido cedido por el Zafadola “López Landa, apunta algo de esto, recogido a su vez en “Estudios críticos de La Fuente… El Ebro por frontera” porque en la carta de donación de Escatrón, no se nombra para nada a Rueda.

De aquí “parte mi teoría de que el afán de extensión de los monjes, cosa lógica siempre, era inmensa, porque al situarse en Rueda, les permitía la posibilidad de disfrutar de los terrenos de uno y otro lado del Ebro. Lo subrayé en mi obra teatral “Vida y erosión del Monasterio de Rueda” en la voz del personaje de la historia y cada vez toma más similitud al ver en la tesis de la doctora Contel Barea “El císter zaragozano en los siglos XIII y XIV, -Zaragoza 1969- que en relación con Sástago dice: El Monasterio de Rueda gozaba de los derechos de leñar, cazar y pastar en los montes de aquél, cincuenta años antes de la cesión que en 1232 hizo Don Jaime I a don Blasco de Alagón de la referida Villa”. Entre unas cosas y otras habían transcurrido 33 años antes de que los monjes dejarán definitivamente Junqueras a orillas del río Gállego y se trasladaran a Rueda de Ebro.

VIDA CENOBITA

Previos sondeos con jefecillos moros, con algún tratado del que parece se obtuvieron promesa o salvoconducto que les facilitara al menos la supervivencia en tranquilidad, pues la “guerrilla mora”, todavía solía efectuar incursiones de saqueo y rapiña, algo que ya, habían sufrido en sus posesiones, granjas y huertas de Alborge y Escatrón, de las que sacaban buenos rendimientos y daban trabajo a unos cuantos hermanos legos y algunos criados. Decidieron comenzar en las postrimerías del año 1202 el cenobio en Rueda, compuesto por 12 frailes en principio, bajo el nombre del Real monasterio de Nuestra Señora de Rueda del Sagrado orden del Císter. Iban pasando los años, trabajaban de sol a sol, la abadía crecía, así el Monje arquitecto Fray Gil Rubio que había construido parte de los claustros, presentó un proyecto para hacer la iglesia, no sin una fuerte oposición, de los más viejos monjes, que creían era un gasto enorme y ya era bastante con la fuerte deuda en la que estaban empañados.

El proyecto siguió adelante y se terminó y consagró dicha iglesia en el año 1238 oficiando la primera misa el ya, nonagenario Abad de Gimont Martín de Noguerol, que había sido primer abad de Rueda, marchando a Genudo y regresando para esta solemne ocasión.

EL SEÑORIO DE SASTAGO

Al suceder este hecho solemne en Rueda, cumplíanse seis años, en que la “tenencia” de los Alagón se convertía en Señorío. Ocurrió en el año 1232 que Don Jaime I el Conquistador, estando en la Ciudad de Calatayud otorgó privilegio de donación y dominio señorial de la Villa y castillo de Sástago en favor de Don Blasco, al cederle este los derechos sobre Morella (Castellón) conquistada meses antes a los moros. Recibía D. Blasco de Alagón a su vez, con los mismos derechos el Castillo y Villa de María de Huerva. El Señor D. Blasco, se entrevistó con la Abadía, tratando lo referente a los usos que venía disfrutando ésta en sus montes, recortando algunas prerrogativas y aumentando otras.

Parece que en principio hubo acuerdo satisfactorio y Abadía y Señorío entraron en periodo de buena amistad, con promesa del segundo de estudiar nuevas y futuras concesiones. Por desgracia D. Blasco tuvo problemas con su salud y murió pocos años después, sucediéndole su hijo D. Artal, quien poco pudo ocuparse y disfrutar de la herencia de su padre, pues designado por D. Jaime para acompañar al caballero Cardona por una cabalgada por tierras de Murcia, encontró la muerte en la Villa Alicantina de Sax. No obstante de su matrimonio con una hija de D. Ximeno de Urrea había un hijo, que naturalmente fue el tercer Señor de Sástago, D. Blasco, como su abuelo, único caballero de Aragón que estuvo en la conquista de Murcia, guerrero impenitente, también se ocupó muy poco del Señorío.

PROTECCION REAL Y NUEVAS DONACIONES

Avanzaba el siglo XIII, los monjes contaban con mayores recursos para trabajar en la culminación de su Monasterio con nuevas donaciones. Don Jaime I, que con anterioridad les había donado el lugar de Codo, así como la permuta en el año 1235 con el Monasterio por los heredamientos reales de Pina por los lugares de Aylés, Jaulín y La Laguna que pertenecían a Rueda, tomó en 1251 el Monasterio bajo su protección y salvaguardia.

Don Ximeno de Urrea, abuelo de Don Blasco, tercero de la casa, dio al Abad Roberto el heredamiento de Senia y poco después de acuerdo con su mujer Doña Sancha, entregaron la Granja de Romana, de Sástago obtuvieron la granja de Gertusa y de Escatrón, Doña Teresa Alfonso les daba la granja de Valimaña con su términos.

Y para concluir esta serie de valiosísimas donaciones Don Artal de Alagón, cuarto nombre de la Casa de Sástago que en 1293, había cambiado los heredamientos que tenía en Peñíscola, restos de las conquistas de su bisabuelo el de Morella por Fuentes de Ebro, pasando los jefes de la gran Casa de Alagón a denominarse Señores de Sástago y Pina, en unión de su mujer Doña Teresa Pérez, hija natural de Pedro III el Grande, donaron al Monasterio, a la muerte del anacoreta Juan Leer, a quien en vida le erigieran un santuario, la casa y ermita de Nuestra Señora de Montler, con porción del término de Sástago y asignación monetaria, así como una renta de grano, encargándose de cuidados y menesteres el capellán de más edad que había en el Monasterio.

Las zozobras parecían disiparse, sobre todo las sufridas en los primeros años en las que los monjes se vieron obligados a recabar de comisiones apostólicas protección de los Pontífices con bulas de Alejandro III (1171) primero y de Gregorio IX (1233) reafirmando todas las donaciones. Después, privilegio apostólico de exención de peajes y demás derechos reales de Inocencio IV en 1247, así como otro derecho de la misma fecha reconociendo a los monjes de Rueda capacidad de heredar toda clase de bienes, sitios, no siendo feudales, e Inocencio V tomó bajo su protección apostólica al Monasterio. Protección que continuaron los Reyes Pedro III el Grande y luego Jaime II, confirmando la donación de Montler a Rueda y demás donaciones reales a Juncería y Rueda año 1303.

El poderío de la abadía se acrecentaba, se mostraba incluso pujante y esto entre muchas gentes era un motivo más para despertar la envidia y la ira que contra toda justicia, asaltaban sus fincas y retenían con violencia sus rentas. No fue óbice para continuar su marcha ascendente. Incluso en Escatrón, donde aparte de tener casa el Abad, realizaban todo el papeleo, les consignaron la comanda o deuda de tres mil sueldos a que los concejos de moros y cristianos, estaban obligados al Señor Bartolomé Tarín, mediante escritura realizada el 12 de Marzo de 1314, testificada por Don Pedro de Alcorisa, Notario público de Escatrón, en favor de Rueda, con la única condición de que el día de Jueves Santo diesen comida a setenta y dos pobres. Se asegura que cumplió fielmente esta condición la Abadía.

Años más tarde, siguiendo la protección y salvaguardia lo hicieron el infante Don Alfonso en 1322 y Pedro IV en 1353.

RELACIONES CON EL SEÑORIO

Las relaciones con el señorío, continuaban siendo excelentes, tal es que en el año 1366, los Señores de Sástago lograban introducirse con la venía del Monasterio en la jurisdicción criminal de Alborge, sin perder por ello esta población su vinculación con la Abadía.

Sin embargo, años más tarde se nublaron cuando se hizo cargo de la Comunidad Don Gastón de Ayerbe en 1382. Europa que había salido de la “peste negra” le llegaba una nueva adversidad que se cebaba en todos sus rincones de manera latente, cayéndole encima lo que se conoció como el “Cisma de Occidente” ante la división de la Europa cristiana… ¡Dos Papas¡ El de Roma Urbano VI y el de Aviñón Clemente VII. Acarreó grandes enfrentamientos y desorden por doquier. Ocurrió que uno de los Señores de Sástago, otro Don Blasco en la dinastía feudal, reclamaba algún derecho sobre el termino de Gotor; hubo arbitraje, con fallo a favor de Rueda…, se desbordaron las pasiones y lo pagó Don Gastón con su vida de forma trágica. ¡No se conocen documentos¡ El Lumen Domus Rotae, no hace ninguna alusión, y yo no voy a caer en la tentación de relatar hechos que provienen de la leyenda negra, propio de la maledicencia y picaresca tan común en la época.

Por esos mismos años, un personaje ilustre de la nobleza aragonesa tomó el hábito en el Monasterio de Rueda, se trataba de D. Pedro Fernández de Hijar, que estaba emparentado con los Señores de Sástago y aún alguno de sus descendientes vinculó en ocasiones venideras, ambas casas por vía matrimonial.

Don Pedro después de haber vivido intensamente, viudo en dos ocasiones, decidió profesar y pidió y se le concedió retiro claustral en Rueda, recibiendo la cogulla de San Bernardo, de manos del Abad don Andrés de Monsen. Pero el Señor de Híjar parece que no halló en su retiro claustral el descanso que ansiaba; pues pronto el Rey Pedro IV le llamó para misiones difíciles, marchando a Zaragoza a cumplir cometidos de paz y concordia entre el Rey y los rebeldes ricos hombres. Luego acudió a las Cortes de Monzón.

SIGLO DE DECADENCIA

El siglo XV fue nefasto para el Monasterio. Las contrariedades se amontonaban sobre la Abadía, pues aunque los monarcas aragoneses lo protegían, su andadura era decadente. La inquisición operaba ilegal todavía, pero lo hacía a su modo, contra los conversos antiguos y nuevos; revisando su forma de conducta que en muchos casos continuaban aferrándose a su clase social y a su raza, y si se producía un arresto eran condenados sin remisión. Por entonces comenzó la retahíla de Abades comanditarios ¡”Plaga de Monasterios”¡, como los llamaron algunos cronistas. Abades sin vocación, se preocupaban de vivir opíparamente, de cobrar las rentas de su Abadía y gastarlas a su aire, incluso de manera licenciosa nada acorde con su jerarquía… En el año 1478 la inquisición fue establecida por decreto papal, funcionando con renovado vigor, floreciendo tal vez en la espiritualidad heroica, pero degenerando en el más dañino de todos los racismos.

El racismo de la clase única. La inquisición en 1492, con la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos cambió su nombre por el de “Santo Oficio”. La expulsión en su contextura histórica, no podía interpretarse más que, como una tentativa de la nobleza feudal, para eliminar aquella parte de la clase media que amenazaba su predominio en el Estado.

EL CONDADO

Los reyes Católicos establecieron por decreto que los Señoríos pasaban a la denominación de condados. Quedaba en el año 1511, establecido el Condado de Sástago. Surge aquí la cuestión de que en algunos textos de genealogía y Heráldica se observa que el último Señor y primer Conde fue Don Blasco de Alagón y Olcina, con categoría de gran Camarlengo de la Corona de Aragón, y en otros se da como primer Conde a Don Blasco de Alagón e Híjar, que vinculaba la casa de nuevo con la dignidad del Condado.

Fuera uno u otro, el caso es que se mejoraron las relaciones con el Monasterio, se aumentaron las rentas de Montler, en favor de la Comunidad, se arregló el camino entre Rueda y Sástago y florecieron algunas pequeñas industrias artesanas.

HORIZONTE DE BRUMAS

Nuevamente se cernía un horizonte de brumas sobre la Abadía, máxime cuando se hizo cargo uno de los más nefastos Abades comanditarios, Fray Martín Español, simpático, dicharachero, libertino, hombre de poca consistencia para dirigir los destinos de la Comunidad. Obtuvo breve separación del Arzobispado, no pagó a Roma, quedando excomulgado, siguió un camino muy desviado, fue privado de su cargo en 1546. Quedando aprobada y confirmada la sentencia dos años después. Le sucedió Fray Miguel de Sangüesa Obispo de Rosas y monje de la Santa Fe, como su antecesor fue excomulgado porque dejó también de pagar a Roma las deudas de pensiones contraídas por Español. En fin Rueda había perdido su dignidad.

Por fortuna, desde el Monasterio de Piedra, destinaron a Rueda en 1566 a Fray Miguel Rubio, de inmediato tomó las riendas de la comunidad rotense consiguiendo en muy poco tiempo la dignidad perdida y la total absolución. Dio hábitos hasta completar el número de veinte monjes, trabajó intensamente por la restauración de las dependencias arruinadas, hizo edificar nuevas; como las casas de Cámara, el molino de harina, la cerca del Monasterio, la casa de Gertusa, las norias y reparó las azudes, gastando en estas obras 20.000 ducados. La férrea voluntad del Abad Rubio, quedaba de manifiesto, cuando en solicitud dirigida a Felipe II, le pedía licencia para vender los lugares que pertenecían a la Abadía.

La obtuvo, ¡vaya si la obtuvo¡, poniendo a la venta, la Villa de Escatrón, Codo, La Gata, Samper de Salz y las granjas de Valimaña y Romana, entrando en negociaciones con Don Ruy Gómez de Silva, que previamente adelantó dinero, para amortizar las deudas de Rueda. La escritura de venta estaba otorgada, sólo faltaba la aprobación de la Santa Sede, lograda ésta por Pío IV, falleció antes de expedir el decreto oportuno y naturalmente hubo una cierta demora, pero su sucesor Pío V, ratificó tal decreto. Enterados los vasallos, reaccionaron y la venta quedó nula, porque ellos mismos devolvieron el dinero adelantado por Don Ruy Gómez, viéndose el Monasterio libre de deudas y en franca recuperación.

Quedaba patente pues, la gran gestión hecha por este hombre al frente de la casa de Rueda, después de tantos abades ineptos sin escrúpulos, que eran la risa entre sus súbditos y vasallos. La figura de Fray Miguel Rubio, se agrandaba porque había sacado a Rueda de la bruma de la ruina.

Cronistas de la Orden lo calificaron con el honroso título de “Restaurador del Monasterio de Rueda”. Fue elevado a Obispo de Ampurias. Vacante la Abadía, siguieron a Fray Miguel Rubio, los tres últimos Abades “perpetuos”, dignísimos, trabajadores y siguieron la huella de franca prosperidad para el Monasterio. Don Malaquías de Asso, continuó el buen gobierno y arregló el refectorio, mandando hacer mobiliario nuevo. Murió el año 1606 y fue enterrado en la iglesia delante del Altar Mayor.

Don Lorenzo Pérez de la Aldea, siguió la norma de su antecesor, a su muerte se le enterró en la sala Capitular.

Don Juan Hugarte, último de los llamados perpetuos, realizó numerosas obras y durante su mandato, el maestro Esteban talló en mármol el artístico Retablo Mayor -guardado en la iglesia de Escatrón-.

ABADES CUATRIENALES

Comenzó la gran serie de Abades cuatrienales en 1617, siendo el primero D. Sebastián Bonfil, con ellos llegó un aire renovador y sobre todo rodearon a Rueda de humanidad y buenos augurios que se fueron cumpliendo de manera sistemática.

Siendo Abad D. Gregorio Montañés, llegó a Rueda el Padre Fray Ramón Zapater, no se sabe si nació en Maella o en Ejea de los Caballeros. Sea cual fuese su procedencia, se destacó como hombre cultísimo, cronista e historiador del Reino Cisterciense. Ordenó la biblioteca y dejó numerosos e importantes escritos, quedando sin clasificar muchos de ellos porque le sorprendió la muerte. ¡Una gran desgracia¡

¡NECESARIO ES…¡ 

Antes de finalizar este relato, nombrar a unos hombres del Bajo Aragón, que dejaron una imborrable huella en su buen hacer en los destinos del Monasterio, durante el período de su mandato.

En 1784 llega a la Abadía Don Miguel Guardia, natural de Maella, levantó la torre y campanas del Monasterio. En Alborge, en la casa del Abad que allí tenía la comunidad, dirigió la construcción de la torre de la Iglesia del pueblo. Introdujo en Rueda el cuchillo de Sástago, artesanía que funcionaba desde años antes y que la dinastía de la familia Liso ha venido prestigiando durante cinco generaciones y única que aún subsiste.

Otro Abad Don Bernardo Cortés, nacido en Caspe, arregló y limpió el claustro, derrumbó el capitel de la torre, por estar en malas condiciones, poniéndole una cubierta nueva. Mandó pintar casi toda la casa, puertas y ventanas rehizo el recipiente del aguardiente y arregló el molino de aceite de Escatrón y luego lo vendió juntamente con el de Alborge a Don Juan López, haciendo un buen negocio, para engrosamiento de las arcas del Monasterio.

En el año 1800, llega otro caspolino D. Nicolás Comech, pintó la iglesia y trabajó intensamente. Pero poco antes de finalizar su cuatrieño, sobrevino la revolución francesa a España y se vio en la desdicha de tener que abandonar, juntamente con la Comunidad, el Monasterio, quedando desierto hasta 1814, en cuya fecha se posesionó transitoriamente el Padre Don Gregorio Cortés, presidente mayor, mediante acto público, testificado por Don Carlos López, residente en Alborge, en razón del decreto de S.M. Don Fernando VII. Restablecida y asentada de nuevo la Comunidad rotense, se nombró Abad a Don Domingo Castañer, de Alcorisa. Entre las cosas que pudo hacer este hombre, podemos admirar todavía hoy, las grandes cubas con cerquillo de hierro en la bodega.

Los cuatro últimos, siguieron, las normas establecidas con abnegación. Don Gregorio Aguiló último Presidente, mostró a los monjes, con intensa emoción, el documento de exclaustración que había dictado en 1835 el gaditano Mendizábal.

Los monjes, con gran tristeza, dejaban su cenobio, al ser vendidas sus tierras y reparto de bienes, bajo el patrocinio de una comisión gestora… ¡El Monasterio de Rueda, quedaba desierto, abandonado a su suerte¡

ACLARACIONES NECESARIAS

Con todo respeto hacia el lector, quiero hacer algunas aclaraciones que considero no sólo necesarias, sino importantes en su contexto. Naturalmente que en casi siete siglos de vida cenobial en Rueda, ocurrieron muchos, muchísimos hechos que no aparecen en el relato, omitidos por falta de documentación que así los acrediten. Otros, imperativos del mismo relato y los más, porque corresponden a ese apartado de la tradición o fantasía de las gentes, que caen incluso, en los que se conoce como leyenda negra.

La pronta muerte del Padre Zapater, supuso una gran pérdida, pues a sus dotes de bondad, unía su gran cultura y no pudo dejar clasificados muchos documentos, que luego de manera incomprensible desaparecieron.

Gran desgracia para Rueda, el obligado abandono temporal, durante la revolución francesa.

Desaparecieron infinidad de libros y manuscritos ¿quien?, ¿por qué?, ¿qué intereses malsanos hubo?

Las ocho grandes casas de Aragón fueron las siguientes: La de Ribagorza, la de Sástago, la de Illueca, la de Ricla, la del Conde de Aranda, la de Belchite, la de Fuentes y la de Castro. El fuero de “Sure Dotium”, se dio en las Cortes de Monzón de 1533 y a finales del siglo XVI, quedó como primera la Casa de Sástago, al ser la de Ribagorza incorporada a la Corona.

La tradición nos ha traído, el comentario de un túnel bajo el Ebro, entre Rueda y la Casa del Abad en Escatrón. Ni lo afirmo, ni lo niego. Pero creo que si de verdad lo intentaron se vería inundado por las aguas, ya sea de filtraciones o manantiales. Los árabes solían hacer algún foso de estos, para aprovisionarse de agua. Buena muestra, la tenemos en el ruinoso Castillo de la Palma, sobre la montaña de la Rosa en Sástago. Este túnel bajaba hasta las inmediaciones del río.

Hoy puede verse en parte, ya que el resto se halla taponado de escombros.

Antes de la restauración de la iglesia de Rueda, había sobre el basamento de las columnas unas inscripciones, que llamaban la atención. Estaban sobre baldosines de cerámica y tenían, o en uno se leía este texto: DOMUS MEA-DOMUS ORATIONIS VOCABITOR OMNIS OPERA CAZO.

Diferentes, pero todas acaban con la palabra CAZO, hoy no están por supuesto.

En la Sala Capitular, de tres tumbas que podemos observar; una tiene aproximadamente esta leyenda, acompañada de Mitra y Báculo. “Laurentio Chonoria, muerto en las calendas de mayo”, la fecha no se distingue bien, pero ¿quién era este Fray Laurentio?, que no figura en ningún “Abaciálogo” ¿sería acaso el sepulcro del Abad Fray Lorenzo Pérez de la Aldea?

El ya menguado archivo de Rueda se encuentra en el Histórico Nacional de Madrid. ¿Pero qué, maleficio había sobre la biblioteca que desde tiempos anteriores venía siendo objeto de rapiña y destrucción de documentos? Bueno con la exclaustración acabó por extinguirse.

Ahora nos queda hacer un repaso del arte arquitectónico de Rueda, de maravillosa concepción y factura.

ARTE DEL MONASTERIO

Esbelto ciprés, siente que se eleva sobre el muro del huerto parece custodiar la gran puerta, con fachada clasicista obra de los inicios del siglo XVII, un tanto italianizante con relieve de forma barroca en su centro. ¡Vestíbulo de robustas columnas aragonesas¡ Accediendo a la gran plaza o patio, al fondo tenemos la fachada de la iglesia, sobria, robusta pero sin adornos. ¡Gran simplicidad¡ Encerrada entre dos contrafuertes la portada, con óculo encima, con tres arquivoltas o arcos que se apoyan en los capiteles, con ornamentación vegetal en relieves del gótico tardío.

La iglesia reconstruida, en su parte más recia, falta bastante todavía. Es de planta basilical del siglo XIII, con tres naves de cinco tramos cada una. Las naves terminan en tres ábsides, y curiosamente sin crucería.

En las tres capillas laterales se puede apreciar relieves y yeserías barrocas, con escudos, angelotes y ornamentos vegetales. En los ábsides existían nichos o arcosolios, siendo los laterales los de más perfección artística. Había sepulturas, hoy desaparecidas o destruidas.

Inmediata a la cabecera está la sacristía, no muy amplia, rectangular, primitiva, con añadido posterior de una capillita con decoración de esgrafiados barrocos.

Desde la iglesia se puede acceder al claustro, pero su puerta principal, está en la plaza, en línea con la fachada. Hermosa puerta, con ordenación en sus elementos del románico, con arco principal y arquivoltas, encuadradas en estructura decorativa. El claustro con su disposición casi cuadrada, responde a la habitual de los Monasterios del Císter. Las galerías aún habiendo sido construidas en distintas épocas, presentan una cierta unidad con bóvedas nervadas, semejantes, con alguna variedad de disposición románica, con arcos de óculo encima en las partes más antiguas y otras de un gótico primitivo.

La parte más reciente de las galerías, la occidental, con arcos de trazo gótico, bellísima.

El refectorio del románico robusto, se conserva en buen estado, en el ala sur, destinado a comedor. Es amplio, rectangular y perpendicular al claustro. Arco apuntado en su portada, con serie de columnas y capiteles ornamentados con tema vegetal. Su interior, cubierto por bóveda de medio cañón, apuntando con cinco arcos de refuerzo que descansan en recias ménsulas.

En el muro del fondo hay ventanales sin decoración y un gran óculo. Pero lo que más llama la atención es la escalerilla que lleva al púlpito para el lector, abierta en el muro con columnas que apoyan a rampantes arcos de medio punto. Capiteles iguales adornados con motivos vegetales. El púlpito sobresale del muro y su molduraje desciende descansando en una ménsula con capitel que ofrece igualmente ornamento vegetal.

Anexo a esta sala está el calefactorio de espacio reducido, con bóveda de cañón con refuerzo de tres arcos fajones.

Saliendo del refectorio, tenemos enfrente el templete del lavabo, de forma octogonal. Robusta techumbre de piedra, en disposición piramidal con molduración gótica, da a lo que era el jardín y digo era, porque ahora es un bloque de hormigón, en espera de que se cumpla otra etapa de restauración.

Antes, desde el claustro se subía una escalera que daba a los dormitorios, pero está en ruinas y la portada está tapada con obra. Si se quiere ver esto, se accede por una escalera desde la iglesia. La construcción del dormitorio es tardía con relación al Monasterio.

Otra de las salas en aceptable estado es el Scritorium, con bóvedas de crucería, apoyándose sobre ménsulas, en los muros y pilares octogonales de gran robustez, con capiteles troncopiramidales de ocho caras. Se cree que es una de las partes más antiguas del Monasterio.

Próximo a éste , en el ala Capitular, está el locutorio, habitáculo reducido igual que el pasaje y cubierto por tramos de crucería simple.

La sala Capitular ¡joya del arte ojival¡, con puerta central entre dos ventanales en ojiva con reminiscencias románicas, presentan en su parte superior, óculos con decoración de tracerías. Rectangular su interior, dividido en dos naves de tres tramos, con bóvedas de crucería, con molduración similar a la del claustro, que descargan el peso sobre dos pilares centrales y el resto sobre ménsulas. Fila de asientos de piedra rodea la sala Capitular y tres losas en el suelo, con báculos talladas, señalan sepulturas de abades.

La torre se alza sobre el ábside de la epístola, de planta octogonal, con tres tramos diferenciados, primer tercio mudéjar, un segundo de transición al barroco y tramo superior barroco.

Y finalmente en cuanto arquitectura el Palacio Abacial de grandes dimensiones. Se encuentra dentro de la misma plaza en el lado opuesto al Monasterio, con otras dependencias.

En su tiempo se comunicaba con el dormitorio por la hermosa galería porticada del lado sur. Muy deteriorado este edificio. Merece sin embargo contemplar la escalera y puertas de madera bastante carcomidas por las termitas, y las pinturas al fresco en el techo, escudo del Monasterio con figuras también al fresco de cuatro monjes, así como la capillita barroca de San Bernardo, muy mutilado. Debajo en el extremo sur, se encuentra la bodega con las cubas que mandó construir Fray Domingo Castañer. Y por supuesto no debe faltar el detalle de bajar hasta donde se asentó la noria, contemplar los robustos soportes, los restos del molino de trigo, el acueducto gótico, con el maravilloso follaje que cubre la parte de atrás y se extiende hasta el río… y unas piedras de primitiva talla con una fecha, año 1090.

CONCLUSIÓN

El Monasterio en su soledad silenciosa y erosiva, fue declarado Monumento Nacional en 1924. En Enero de 1929 Electro Metalúrgica del Ebro, S.A. compró la finca, con e resto de edificaciones a sus antiguos dueños.

La nueva empresa propietaria cuidó y laboró en Rueda con fervor y se preocupó de las edificaciones del Císter, en lo que le fue posible, porque de otro modo el deterioro habría sido más lamentable. En 1968 con el asunto de la Concentración Parcelaria de Sástago, vendió la finca de 105 hectáreas al IRYDA a título oneroso, para que la tierra fuera y ya la disfrutan colonos sastaguinos. Segregando naturalmente El Monasterio y también las edificaciones, campos y huerto que ocupan una extensión de 3-63-75 hectáreas.

Han habido varias restauraciones, etapas más bien que van cubriendo y que deben continuar porque es mucho todavía lo que falta por hacer, para que la joya Cisterciense de Aragón, sea orgullo del arte y la cultura.

Los meandros vencidos…
Por los puentes sobre el Ebro caudaloso.
¡Se unen los pueblos, cierto¡
Pero el río en su lecho
continuará rumoroso
la balada de los siglos.
Texto: Víctor Sariñena Gracia (Vicsar)
Fuente: Libro el Monasterio de Nuestra Señora de Rueda. Septiembre-1983

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