enero 6 th
Historias del “TÃo boleas”
El TÃo Boleas nació y vivió en Sástago a comienzos del siglo pasado es un personaje entrañable para los que lo conocieron, hombre cabal donde los haya, buen trabajador pero tenia un pequeño defectillo le gustaba contar alguna mentirijilla que otra, por eso el apodo de TÃo Boleas. Un familiar suyo ha tenido a bien relatarme alguna de sus aventuras, que muy gustosamente plasmare en estas lÃneas para que quede constancia de esas vivencias.
La carpa y el conejo.
Contaba el TÃo Boleas lo que le aconteció un dÃa en el que habÃa ido al rÃo para pescar, no por deporte entonces se iba al rÃo a pescar para comer.
Bien el tÃo Boleas estaba sentado en el puesto de pesca, con la caña en el rÃo intentando sacar unos peces para la cena, cuando de repente le entro un repreton, el caso es que él notaba picada en la caña y el tÃo Boleas se bajo los pantalones sin soltar la caña, se puso en cuclillas y se dispuso a evacuar … Y en eso estaba cuando sintió la picada el corcho se le fue a dentro el pez era grande, el tÃo Boleas estaba en pleno esfuerzo, agarro la caña con las dos mano y dio un impresionante tirón hacia fuera del agua. El pez salió como un obús enganchado en el anzuelo, describió un arco descendente pasando por encima de la cabeza del tÃo Boleas, con tan buena fortuna que un conejo se desbarró en ese momento justo en la trayectoria que llevaba el pez y aunque les resulte increÃble el pez dio de lleno en la cabeza del conejo y lo dejo seco.
El tÃo Boleas terminó con sus obligaciones corporales cogió el pez y el conejo y se fue a su casa a contar la gesta que le habÃa acontecido.
Dos cajas de melocotones
La caza y la pesca en aquellos dÃas era mas cosa de necesidad que de deporte, los cartuchos se los fabricaba el cazador y las cañas de pesca y los anzuelos lo mismo. El tÃo Boleas como la mayorÃa de hombres de aquella época era cazador y pescador.
Un dÃa cazando conejos por una zona de vegetación alta le salió un ciervo, el tÃo Boleas se echo mano a los bolsillos pero no llevaba balas, el tÃo Boleas se estaba comiendo un presco asà que cogió el hueso del presco y lo metió por la boca de la escopeta apunto al ciervo entre la maleza y PUM … disparo la escopeta el ciervo dio un salto y salió disparado perdiéndose entre la alta maleza. El TÃo Boleas se marchó sin el ciervo.
Un año después el tÃo Bolea estaba cazando por la misma zona y de pronto entre la maleza vio la figura de un ciervo con una gran cornamenta, esta vez el TÃo Boleas llevaba balas, asà que apunto y en el momento del disparo el ciervo se movió y dio varias embestidas con la cornamenta pero salió dando saltos y se perdió entre la maleza.
El tÃo Boleas se acerco a donde estaba el ciervo y no encontró rastro de sangre pero lo que sà encontró fue quince o veinte kilos de prescos en el suelo.
Seguiremos con la saga del TÃo Boleas.
Texto: José Fernando Benito GascónTemas relacionados ...
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