Las cigüeñas no se van

Junto con mi mujer, estoy de vuelta de nuestro viaje a Chile, hermoso país del Cono Sur, donde hemos disfrutado los días extraordinarios del verano austral, visitando la región de los lagos y la familia, con la emoción de recorrer las calles de la bella ciudad de Osorno, donde pasé los años más maravillosos de mi juventud. El abrazo tras 46 años de ausencia, con familiares y amigos, todos muy cariñosos y amables. Con excursiones a los distintos lagos, la Ciudad de Valdivia, y ya al regreso en el norte Santiago, Valparaíso y Viña del Mar.

Tras este preámbulo entro en la dinámica de mi columna con el temario siguiente. Antiguamente se decía “Por San Blas la cigüeña veras….”, pero la singular zancuda, considerada “ave de paso”, permanece entre nosotros todo el año, ya como sedentaria. Ahora ante la eliminación de los nidos, por creer que es un peligro, han colocado en la proximidad de la cúpula de la torre mudéjar de la iglesia, unos hierros en forma de equís que impiden a la especie construir su plataforma de palos donde posarse y morar.

La medida en cuestión ha sido tomada por el consistorio por protección de los niños que juegan en los aparatos infantiles que hay en la plaza bajo el torreón. Sin embargo, hay personas que opinan y expresan su malestar por la decisión que, según dicen, atenta contra estas aves de ribera, consideradas como necesarias por la labor que realizan al perseguir y acabar con variedades dañinas, y argumentan que sobre el alero próximo a los azulejos colocados en el año 1860, durante el reinado de Isabel II, se podía haber colocado un armazón o parrilla donde el pájaro pudiera armar su tejido nidal.

Se ha pretendido que se vayan, no parece que tal cosa pueda suceder, pues hay dos parejas que desde el campanario se dirigen al humedal del río, se introducen en la maraña boscosa en busca de alimento en las charcas y remansos, caminando sobre el suelo fangoso con sus largas patas paras luego retomar ramas y estacas, y llevar y rehacer su nido, sorteando el molesto tinglado de los barrotes.

No es fácil eludir la presencia de estas aves habituadas al medio. Por lo demás, no son portadoras de esa amenaza de “gripe aviar” que según dicen se aproxima y que hay ya por naciones cercanas. Roguemos que no aparezcan por aquí esas volátiles de países lejanos portadoras del maligno virus que puede producir una
extensa y fatal pandemia.

Texto: Victor Sariñena Gracia (Vicsar)
Fuente: Publicación nº 69 de La Crónica de la Ribera Baja del Ebro 

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