Popular fiesta de invierno

Es para nosotros el 17 de enero, San Antonio Abad, “San Antón”, como popularmente se le conoce a este santo. Es una de las fiestas del año más entrañables, quizá porque desde siempre se le ha considerado como la de mayor tipismo, como si dijéramos la más nuestra, de la que se participa con mayor intensidad por parte de los adultos. Antaño había una cofradía, con Prior y Mayordomos, que eran los encargados de organizar esta fiesta, volver a ello ahora, tal vez no sea posible, pero en la disyuntiva en la que estamos, tal vez fuera acertado ahondar en la recuperación de esas raíces del pasado.

En esta oportunidad la fiesta ha quedado un tanto deslavazada, y no porque no se haya trabajado en ella, que se ha trabajado mucho, especialmente el concejal de festejos que lo ha hecho todo con la ayuda de compañeros del Concejo. Ello, claro, está provocado por no haber comisión, la que normalmente se nombraba en el mes de diciembre quedando encargada de organizar todas las fiestas a lo largo del ciclo anual. No ha podido ser, tal vez porque los jóvenes se encuentran inmersos en la fase de estudios, o por otra serie de razones que ignoramos.  

Si hacemos caso a “la voz pópuli” hay diversas versiones, pero tampoco se debe otorgarles mayor importancia. Eso sí, con la mayoría de las personas que he hablado del tema, tienen la opinión de que en el mes de enero, o se vuelve a lo de antes o se llama a las peñas de personas maduras, que las hay y muy buenas y con ganas de trabajar, y se les encarga a una o dos agrupaciones de éstas la organización de esta fiesta y ya llegando el buen tiempo las de la Virgen de Montler que se celebran en abril y las de La Virgen y San Roque en agosto, ofertar a la gente joven para hacerse cargo de las mismas. Opino que sería tal vez una posibilidad aceptable para solucionar este asunto.  

Destacar que en la fiesta de San Antón de este año, la recogida del Cabo de Año y la recaudación obtenida irá con destino a los afectados por el maremoto acaecido en los países del Indico. Una noble decisión que se suma a las numerosas ayudas y contribuciones que se están enviando a los damnificados del Suroeste Asiático para contribuir a paliar los incontables daños humanos y materiales que han sufrido a consecuencia del tsunami o las olas gigantes que ha arrasado sus costas.

Texto: Víctor Sariñena (Vicsar)
Fuente: Publicación nº 56 de La Crónica de la Ribera Baja del Ebro

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