Reflexión de las fiestas

Dentro del variado contenido, expuesto en el programa de las pasadas grandes fiestas, en honor, de La Asunción y San Roque, surge en mí una profunda reflexión. De manera especial, por la trascendencia que tienen para el mayor número de personas, que nos reunimos en el puente, ya sea en procesión o libremente para recibir a la Virgen de Montler, cumpliendo con el rito de ser bajada desde su ermita, en la madrugada del día quince, a hombros de personas que se ofrecen como muestra de afecto y respeto. Sin quedarme en lo esotérico, quiero decir de manera clara y precisa, que su llegada es acogida siempre en loor de multitud.

Constituye la ceremonia de mayor emoción y sublimidad: Salutación del sacerdote, rezo, cantos, aplausos, y desde hace unos años la charanga se une al acto.

Todo un ejemplo de tradición, que data precisamente de agosto de 1834, con permiso de los monjes del Monasterio de Rueda, bajo cuyo cuidado estaba el santuario. Concedieron la petición solicitada por el pueblo, ante la gran amenaza del “cólera morbo” que se extendió por Europa, y por supuesto llegó a España y a estos lugares.

Las gentes de aquella época, víctimas de la terrible epidemia al parecer de origen asiático, sufrían diarreas repentinas, naúseas y calambres en las piernas, con procesos febriles causándoles la muerte.

Razón por la que se sigue cumpliendo el hábito de traer y disponer la Santa Imagen en la Iglesia hasta el 8 de septiembre, donde se le hace el novenario para ser simbólicamente devuelta a su capilla.

Digno es reseñar ciertas manifestaciones de sectores, comentando el gesto de la corporación municipal que, en perfecta conjunción, estuvieron presentes en los actos religiosos como también en los profanos, cumpliendo con el hecho social, cultural, recreativo y festivo.

Y aún cuando haya habido algún pequeño desfase horario, ello no empaña para nada el desarrollo de todas las fiestas. Ha contribuido en buena medida la temperatura, muy agradable y la afluencia de familiares y amigos que laboran fuera y vienen a acompañarnos en estos días. Es, sin duda, motivo de encuentro y alegría. Aquí podemos aplicar aquello del jurista y orador romano Marco Tulio Cicerón “Nada de lo que recibimos de los dioses es más agradable que la amistad”.

Texto: Victor Sariñena Gracia (Vicsar)
Fuente: Publicación nº 87 de La Crónica de la Ribera Baja del Ebro

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