Reflexiones acerca del escudo de Sástago

El debate acerca del cambio del escudo de Sástago ha suscitado numerosos comentarios entre los sastaguinos. Bien es cierto que el blasón del escudo condal sastaguino no es todo lo explícito que quisiéramos sin que por ello pierda su arraigo, teniendo en cuenta la importancia que los Condes de Sástago han mantenido a lo largo de la historia de la Corona de Aragón.Es representado en campo de plata (de oro según Gonzalo Argote de Molina, reconocido humanista del siglo XVI), con seis roeles de sable que encarnaban las armas de los Condes de Sástago si bien antiguamente pudieran ser siete los que se incluían.

Hagamos un poco de historia…

Desde el año 1094, cuando el caballero Artál ayuda a Pedro I de Aragón en la conquista de Huesca y le entrega como distinción el señorío de Alagón, la historia de Sástago pasa a formar parte ineludiblemente de la tradición de los Condes de Sástago. Artál se casa con una hija de Pedro I. Su descendiente, Blasco de Alagón, fue mayordomo de Aragón cuando reinaba Jaime I el Conquistador. De este último recibió el señorío de Sástago en 1233 además de la Capitanía General de Valencia. Su descendiente, llamado como el, Blasco de Alagón, fue nombrado por Fernando el Católico, primer Conde de Sástago.

En 1561 el Condado de Sástago fue heredado por la casa de los Gurrea que poseían el Ducado de Villahermosa. Felipe III decreta la expulsión de los moriscos en 1609. La medida fue aceptada con regocijo por parte de muchos, aunque los señores, como el Conde de Sástago, vieron como sus tierras se quedaban desiertas de campesinos que las trabajaran. Fue entonces cuando requirió a los hombres libres de Aragón para que se hicieran cargo de ellas otorgando la correspondiente carta de población el 14 de Marzo de 1614. Se concede a los nuevos pobladores del Condado, además de otros derechos, los de trabajar los campos entregando al Conde una de cada ocho cargas de lo que recogieran. Como representante del pueblo se establece el Concejo (en la actualidad Ayuntamiento).

Durante más de dos siglos estos derechos resultan mermados aplicando rentas sobre las tierras y los bienes comunales. En estos dos siglos de pleitos y querellas transcurren numerosos motines y muertes.

El décimo Conde de Sástago, Cristóbal Fernández de Córdoba y Bazán, recibió en 1711 durante la Guerra de Sucesión Española, de manos del archiduque Carlos de Austria la Grandeza de España reconocida 15 años después por Felipe V y nombrado Virrey de Sicilia en 1737.

El 20 de Octubre de 1851, el Conde de Sástago, D. Joaquín Fernández de Córdoba, otorga una escritura de concordia que dirimía todos los pleitos y querellas. El Conde reconoce al Concejo el Derecho de roturar y cultivar libremente las tierras en el monte así como aprovechar leñas, maderas y pastos. En contraprestación, el Concejo, deberá entregarle una suma anual, bien sea en especie o en dinero. De nuevo se ven mermados los derechos de los campesinos el 27 de Marzo de 1898. Doña María de Otal y Fernández del Pino, condesa de Sástago, obtiene de casi todos los vecinos de la localidad la renuncia de sus derechos, perdiendo así los agricultores sus bienes comunales. El concejo, que era el órgano que representaba a los agricultores, lucho por recuperarlos pero la resolución del Ministerio de Hacienda el 5 de Abril de 1900 que delegó en el Ministerio de Gobernación para obtener la nulidad de la escritura paso al olvido.

El título de Condes de Sástago se transmite a los Escrivá de Romaní en 1905, cuyo linaje data de la segunda mitad del siglo XV cuando contraen matrimonio Don Jaime Escrivá con doña Geraldona de Romaní. Fueron señores de Patraix, Señores de Argelita, Marqueses de Monistrol de Noya y San Dionís enlazando finalmente con el título de Condes de Sástago.

Luís Bertrán Escrivá de Romaní y Sentmenat Fernández de Córdoba y Patiño fue el XVI Conde de Sástago. Tenía además los títulos de Marqués de Monistrol, Marqués de Aguilar de Ebro, Marqués de Peñalba, Conde de Glymes de Brabante, Barón de Beniparrell y era Grande de España de primera clase. Nació en Barcelona el 4 de Diciembre de 1888 y falleció en Madrid el 9 de Septiembre de 1977.

La instauración de la Segunda República abre la posibilidad en Sástago de desposeer al Conde de Sástago de su titularidad sobre las tierras. Por la vía legal no se consigue resultado alguno. Durante la guerra, el Registro de la Propiedad de Caspe, es quemado desapareciendo toda la documentación con lo que el Conde de Sástago reivindica su titularidad en las fincas cedidas en 1931, iniciando así un pleito sobre la propiedad de las mismas.

Fue el 16 de Abril de 1967, cuando en la Asamblea Plenaria de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Sástago, convocada en el Cine Moderno, el Conde cedió las tierras al Ayuntamiento de Sástago que, posteriormente, pasarían a ser propiedad de los que las trabajaban.

En cuanto a la reciente inquietud de querer cambiar el escudo de Sástago, cabría pensar que el sistema feudal en el que estuvo inmersa España durante siglos, relegando a las clases sociales más bajas a trabajar para la nobleza así como la batalla judicial que se llevo a cabo durante el siglo XX entre los Condes de Sástago y el Ayuntamiento, haya propiciado ese afán por desprenderse de este símbolo histórico. Pero no creemos que por ello haya que dar la espalda a la realidad histórica, cultural y social que se vivió.

Para algunos el deseo de cambio está motivado más por cuestiones estéticas que culturales aunque en este caso, los argumentos históricos antes descritos tienen más arraigo que lo que puede suponer un diseño moderno e innovador.

El nombre de Sástago ha quedado presente en el antiguo Palacio de los Condes de Sástago situado en la calle del Coso de Zaragoza; hoy propiedad de la Diputación General de Aragón. También en el Palacio-Castillo de los Condes de Sástago en Órgiva (Granada). El dramaturgo Tirso de Molina escribió su “Panegírico a la casa de Sástago”. Incluso la Condesa de Sástago ha dado nombre a una esplendida rosa.

Si hay algo que representa la historia y la tradición de algún lugar son sus signos distintivos como los escudos de armas, banderas o monumentos ancestrales, entre ellos los de la nobleza. Conservar estos símbolos es atesorar el recuerdo de nuestros antepasados y asegurar el conocimiento de la historia para interpretar el presente y proyectar así mejor el futuro.

Aludiendo a una frase de Juan Donoso Cortés (pensador, político y escritor español): “En lo pasado está la historia del futuro”.

Texto: Luis A. Serrano
Fuente: Artículos de Internet

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