Reseñas festivas de Sán Antón

Antaño en tiempos de autarquía, San Antón basaba su celebración en episodios simples. Se comenzaba con la recogida de leña que los vecinos ponían en sus soportales, para ser cargada en carros y llevarla a la vetusta Plaza del “Rebote”, sitio donde tenía lugar la quema de la hoguera. Mujeres y hombres ataviados con vistosos trajes regionales, los mozos con cachirulo o sombrero de medio queso y en el fajín fino cuchillo con cachas de nácar, prendas ambas de producción sastaguina.

¡Jota, baile, jarana! Hacia la madrugada sobre las brasas, se ponían diversos productos cárnicos, incluso la siempre popular patata; inolvidable tubérculo (papa) que los conquistadores trajeron de los fértiles valles andinos de Chile y Perú en el siglo XVI. Como es sabido la patata es un alimento muy rico con múltiples aplicaciones culinarias. El 17 se hacía la misa en honor del Santo, con procesión y bendición de animales domésticos. La fiesta era organizada por el Prior, Mayordomo y cofrades que a las puertas de sus casas ofrecían a todos dulces y bebidas.

Se recogía la “Llega”, que consistía en donaciones que la gente hacía de artículos varios, frutos, licores, etc. para ser subastados al día siguiente en la sesión de baile del cabo de año. Se efectuaba además el sorteo o rifa del cerdo. Había cine mudo en el salón del “Amadeo” más tarde las comisiones que fueron entrando contrataban grandes orquestas. En el Cine Goya, ofrecía ya películas sonoras, al que en épocas mas avanzadas se sumaba el Avenida con amplia sala cinematográfica y una magnífica pista de baile.

Finalmente con el Moderno, Sástago llegó a contar con tres salas funcionando, sábados, domingos, lunes y jueves. Claro que hay que destacar que el pueblo contaba con 3.100 habitantes. Ahora no sobrepasamos los 1.500. Sin embargo se ha extendido a lo largo mucho más.

Sin pretender ser exhaustivo ni hacer comparaciones que puedan ser odiosas, se trata de señalar simplemente la correlación de esta popular fiesta de invierno y lo que a través de los años ésta ha cambiado. Los avances traen nuevos métodos y hay que aceptarlos, siempre dentro del respeto a las buenas maneras, no cayendo como en lo “jacobino” .

Finalmente recogiendo la voz de la calle, hacer la fogata en la sardeta, estará bien para los jóvenes que tienen cerca el baile, pero queda muy lejos para los mayores, teniendo sobre todo en cuenta, que la quema de la hoguera, es el mayor atractivo de la fiesta para estas personas.

Texto: Victor Sariñena Gracia (Vicsar)
Fuente: Publicación nº 80 de La Crónica de la Ribera Baja del Ebro

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