Sástago: Ronda Jotera 2012

Por segundo año consecutivo he tenido la suerte de disfrutar haciendo el recorrido por las calles de pueblo acompañando a la magnífica Ronda Jotera sastaguina. En esta ocasión, fenómenos climatológicos perturbaron el orden establecido para el acto. Quizá, esta circunstancia impidió que pudieran disfrutar de ella mayor número de personas e hiciera echar en falta el ambiente nocturno, ingrediente tan habitual en este tipo de actos. A pesar de ello, el éxito quedó patente, el seguimiento fue numeroso y las paradas de “avituallamiento” tan abundantes y generosas como de costumbre.

Ignorante de que en Sástago

desconocen qué es reblar,

se creía la tormenta

que nos iba a fastidiar [1].

La tarde noche del viernes,

testaruda, muy tenaz,

con sus fuertes aguaceros,

pensó su meta alcanzar

y, a la tarde del domingo,

consiguió el acto aplazar.

 

El domingo lo intentó

el calor, e hizo sudar,

aliado con los mosquitos

en continuo pulular.

Ambos fácil se olvidaron

oyendo jotas cantar,

gratamente interpretadas

por la ronda en su rondar.

 

Sin permiso del alcalde

inició su cortejar,

que esta ronda es mucha ronda

“pa” licencia precisar.

Así rezaba la letra

cuando empezó su rondar,

encaminando al gentío

a San Vicente, el Portal.

 

Tras tomar el refrigerio,

y unas jotas entonar,

cuatro tientos a la bota,

el cortejo echó a andar.

Al pasar junto a la Iglesia,

sin dejar de caminar,

cantaron la de la burra.

Sería por un casual.

 

Muy emotivo resultó

aquel dúo, muy especial,

ellos fueron todo el pueblo

unido para expresar,

bajo el peirón de Montler,

un canto que fue un rezar:

a mi pueblo y mi patrona

nunca dejaré de amar.

Siguiendo por San Miguel,

más viandas para catar.

Cantó allí una chavalica

que lloró al terminar.

Apostilló un cantador,

por su gesto secundar:

qué tiene la jota, madre,

glarimas me hace saltar…

 

Le cantó el más veterano

“La vara de la justicia”

a Joaquina, la alcaldesa,

dándole así una caricia:

la lleva quien la merece

y si procura y propicia

bienestar a convecinos

cumplirá nuestras ardicias.

 

Andando la calle baja

tocó de nuevo parar

y, formándose un revuelo,

quiso el anfitrión cantar.

Debió de ser muy difícil,

pues decía en su cantar:

aunque la diga “el Patrón”,

como Dios quiera saldrá.

 

Ganada “la call’en Medio,

nos aguardaba otro altar.

Las alumnas veteranas

nos dieron un recital,

regalaron los oídos,

lo hicieron fenomenal.

Con bravura, su solera

quisieron allí mostrar.

 

Acercándose el final,

afinaban el gatillo

prestos para disparar

las jotas de picadillo,

que, de forma muy jocosa,

te pulen y sacan brillo,

despertando las sonrisas

de no ser tú el acerico.

 

Si las letra que cantaban

no las hago aquí casar,

no es intención ni capricho,

me tendrán que perdonar.

Sé que no tengo defensa:

culpable y reo total.

Responsable soy por ello

y no me puedo excusar.

 

Puede que tenga un resquicio

y lo quiero argumentar.

Entre algunos seguidores,

pude a veces escuchar

a lo largo de la ronda

lo que vengo a relatar.

Es un simple comentario

nadie lo interprete mal.

 

Al no usar megafonía,

a pulmón es su cantar,

por todos hacerse oír

tiene su dificultad.

Aunque sé muy bien que cuesta

reprimirse y silenciar

mas, preguntas y respuestas,

bien podrían esperar

a que su canto terminen,

dejarlas para el final.

 

No es difícil de entender,

resulta fundamental

el guardar bien el silencio

cuando tañen, y al cantar.

Si se moderan susurros

no habrá ya que sisear,

la melodía y las voces

mucho mejor se oirán.

 

Todo el mundo dará gracias,

sobre todo los de atrás.

Seguramente, más de uno

lo pueda corroborar.

Cabe otro razonamiento

que no es bueno utilizar:

si pudiendo ir por delante,

no sé por qué, vas detrás.

 

Nadie se sienta aludido,

no es mi intención acusar.

Que cada cual lo sopese

para el próximo rondar.

Mas, dejemos tal minucia,

quiero página pasar

y a todos los componentes

deseo felicitar.

 

En el grupo, imprescindibles

son las voces veteranas,

pues con su ejemplo cultivan,

con su buen hacer avalan.

Fundamental es la tropa

de zagales y zagalas

con deseos de aprender

y que a muy buen ritmo avanzan.

 

De componentes diversos

en singular amalgama,

sin su concurso imposible,

darles calor y confianza,

dando el tono marca el ritmo,

también dándoles la entrada

y alegre acompañamiento:

la magnífica rondalla.

 

No me quisiera olvidar

de los jefes de la “panda”:

de quien a las voces educa,

del director de rondalla…

Gratificación merecen

por sus buenas enseñanzas.

Una gran suerte tenerlos,

no es gratuita la alabanza.

 

A la ronda sastaguina

es un placer escuchar.

Al oírlos, tras un tiempo,

les notas su progresar.

¡Y cómo ronda esta ronda!

Rondó, ronda y rondará.

¡Y como ronda que ronda,

ronda que te rondarás!

 

A un pueblo lo hace su gente

haciéndolo caminar,

poniendo amor en lo suyo,

sabiendo a una tirar.

 

Rafael Fernández Tremps. –  Agosto 2012

 


[1] Y en verdad que fastidió

a quien tuvo que viajar.

Hubo quien vino de propio

y  marchó sin disfrutar.

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