Un auténtico despropósito

Este mes dedico mi columna en este periódico mensual a los hechos acontecidos con la relación al partido de fútbol de categoría cadete disputado el pasado 15 de enero por el equipo de Sástago y el Santa Isabel, donde se produjeron hechos que lamentamos porque rebasan la raya de lo que deben ser las buenas maneras, especialmente con las personas que nos visitan.

No obstante me parece un despropósito, por parte de los directivos del Santa Isabel, la rabieta que cogieron al presentar denuncia de los hechos, no sólo ante el comité de competición escolar de la Federación Aragonesa de Fútbol, sino que además la publicaron en prensa regional, con amplitud tipográfica con el titulo de “Primera denuncia de racismo”.

Admitiendo la falta de respeto contra el joven jugador de color “Pate” del conjunto visitante por parte de un grupo de “zopencos” de Sástago, eso sí por breves instantes ya que el entrenador local, Pablo Híjar Arruego, les ordenó de inmediato que callasen cortando en seco la salida de tono, y continuando el juego con toda normalidad. Sin embargo, opino que no se tenía que haber llegado a ese extremo de hostilidad por parte del delegado del equipo visitante dada la cordial acogida dispensada a toda la expedición a su llegada.

Además como el azar coincide con el uso de la camisola blanca por ambos conjuntos, y al manifestar ellos haberse olvidado de traer la que realmente debían ostentar en este partido lucieron la elástica blanca gentileza de la casa, que usó la de color como si fuera el equipo forastero.

En Sástago tenemos cierto número de trabajadores procedentes de la inmigración, personas que desarrollan una vida normal en el pueblo y que están completamente integrados con los vecinos. Por eso, endilgarle a nuestro municipio el epíteto de racista y xenófobo me parece una distorsión de la realidad muy poco meditada, consecuencia del repentino acaloramiento de los directivos del equipo de Santa Isabel. Y es que estos directivos, como encargados de tener la misión de ser más juiciosos, y de cuidar de esos jóvenes jugadores en formación, guiándoles e inculcándoles lo bueno de la práctica deportiva, y pensando que unas veces se gana y otras se pierde, o se empata, deberían tener presente que los gritos de la grada son algo consustancial con el juego.

Texto: Victor Sariñena Gracia (Vicsar)
Fuente: Nº 57 de La Crónica de la Ribera Baja del Ebro

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