Carta del agua

Los Tertulianos no podíamos pasar por alto el tema del agua en Aragón, para ello como primer documento que nos haga reflexionar publicamos la Carta del Agua redactada en Estrasburgo en Mayo del 68. También queremos manifestar nuestro rechazo más enérgico al trasvase de aguas del Ebro a otra cuenca, mientras no se resuelvan todas la necesidades de agua presente y futura en nuestro territorio. Si eso es ser mal valenciano o mal catalán pues yo particularmente lo soy y lo seré mientras no se resuelvan los problemas de agua en Aragón. Los Tertulianos de la Manqueta quieren dejar constancia con este estudio sobre el agua lo siguiente:

  1. Que los aragoneses somos generosos.
  2. Que los aragoneses somos honraos.
  3. Que los aragoneses somos nobles.
  4. Que los aragoneses somos solidarios.
  5. Que los aragoneses somos españoles (de momento).
  6. Que los aragoneses no nos vamos dejar expoliar.
  7. Que los aragoneses solo queremos administrar lo nuestro.
  8. Que los aragoneses podemos ser muy tozudos si nos pisan.
  9. Que nuestros políticos no van a dejarse engañar.
  10. Que no nos pongan a prueba a los aragoneses.

Carta del Agua redactada en Estrasburgo en Mayo del 68.

I Sin agua no hay vida posible. Es un bien preciado, indispensable a toda actividad humana.
II Los recursos en agua dulce no son inagotables, es indispensable preservarlos, controlarlos y, si es posible, acrecentarlos.
III Alterar la calidad del agua es perjudicar la vida del hombre y de los otros seres vivos que de ella dependen.
IV La calidad del agua debe ser preservada de acuerdo con normas adaptadas a los diversos usos previstos y satisfacer especialmente las exigencias sanitarias.
V Cuando las aguas, después de utilizadas, se reintegran a la Naturaleza, no deberán comprometer el uso ulterior, público o privado, que de ésta se haga.
VI El mantenimiento de la cobertura vegetal adecuada, preferentemente forestal, es esencial para la conservación de los recursos hídricos.
VII Los recursos hídricos deben inventariarse.
VIII Para una adecuada administración del agua es preciso que las autoridades competentes establezcan el correspondiente plan.
IX La protección de las aguas implica un importante esfuerzo, tanto en la investigación científica como en la preparación de especialistas y en la información del público.
X El agua es un patrimonio común, cuyo valor debe ser reconocido por todos. Cada uno tiene el deber de utilizarla con cuidado y no desperdiciarla.
XI La administración de los recursos hidráulicos debiera encuadrarse más bien en el marco de las cuencas naturales que en el de las fronteras administrativas y políticas.
XII El agua no tiene fronteras. Es un recurso común que necesita de la cooperación internacional.

ESTRASBURGO, Mayo 1968

Agua para todo en Aragón.- Patrimonio Natural en Aragón.
El agua es sobre todo regadío, pero no es sólo regadío. El agua, además de regar los secanos, tiene cada día más utilidades. Sin el agua la vida nunca hubiese sido posible. Hoy, menos. El agua nos es necesaria para todos.
Demandas de Agua.- Aragón necesita agua. Sus demandas son muy fuertes, tanto para el campo como para la industria y los núcleos urbanos.
En estos momentos, la solicitud de agua para usos no agrícolas, sobre todo urbanos, aumenta a mayor ritmo que la agrícola. Aun duplicando la superficie de riego al doble de la actual, el porcentaje de agua destinada a usos agrícolas en Aragón será en el futuro relativamente menor que en la actualidad. Y eso que Aragón -excepto la gran ciudad de Zaragoza- no es ni espera ser un espacio donde predominen los grandes núcleos urbanos, en los que el consumo de agua es especialmente elevado.

RELACIÓN ENTRE LAS DISTINTAS DEMANDAS DE AGUA EN ARAGÓN

Demanda Actual: 5.200 Hm3/Año Demanda Futura: 9.759 Hm3/Año
Agrícola …………. 92,95 % Agrícola …………… 91,4 %
Urbana ……………. 2,35 % Urbana ……………… 5,2 %
Industrial ………… 4,70 % Industrial ………….. 3,4 %

Fuente: Informe sobre los riegos en Aragón

El Agua es divertida

La sociedad actual, nuestro mundo urbano-industrial, exige cada día más lugares de ocio y expansión. Los cauces de agua, donde tantas veces remansamos nuestro camino, conocen de divertimentos y tertulias domingueras y familiares.

Los ríos y las aguas embalsadas de forma natural -ibones pirenaicos y lagunas- o mediante obras hidráulicas permiten la pesca o la práctica de deportes náuticos. Las aguas del Ebro, por ejemplo, son surcadas por remeros deportistas y veloces lanchas a motor junto al Pilar y por embarcaciones a vela en el “mar de Aragón” o embalse de Mequinenza.

Los decimonónicos balnearios, que en otros tiempos desempeñaron una función sanitaria muy destacada, vuelven a revitalizarse. Hoy no se ven sombrillas y bombines por los salones de antaño, pero han comenzado a revivir los balnearios de Panticosa, Alhama, Paracuellos o Jaraba. Sus aguas medicinales los han curado del mal del olvido y en verano son oasis de tranquilidad para gentes de todas las edades y condiciones.

Producir Electricidad

El agua, en ocasiones, se convierte en fuente de recursos sin necesidad de consumirse. Una vez utilizada en las centrales hidroeléctricas, piscifactorías o como recreo puede volver a aprovecharse aguas abajo. El agua, desde luego, tiene muchas vidas. La producción de energía hidroeléctrica en Aragón representa una décima parte del total nacional. Sin embargo, la utilización del agua necesaria para esta producción está condicionada en numerosas ocasiones por las demandas para el riego y para otros abastecimientos urbanos.

En Aragón hay actualmente más de 150 centrales hidroeléctricas. Hasta épocas recientes, este tipo de energía ha sido la predominante en la comunidad, a diferencia del resto del Estado español, donde las necesidades energéticas se han ido abasteciendo con centrales térmicas. Pero a partir de la crisis del petróleo, en los años setenta, también en Aragón se impulsaron las centrales térmicas y hoy en día su producción de energía supera la de las centrales hidroeléctricas.

Con todo, a pesar del impulso de la energía térmica, la hidroeléctrica sigue siendo el recurso energético más sólido en la región, puesto que no depende de recursos fósiles. En conjunto, la región es claramente exportadora de energía hidroeléctrica. Los kilovatios producidos en las grandes centrales de la provincia oscense y a lo largo del eje del Ebro se consumen allende las fronteras aragonesas.

Calidad del agua en Aragón.- Naturaleza en Aragón.

El agua es buena o mala, útil o inútil según para quien, en qué lugar y en qué momento. Lo que para unos puede ser agua “de baja calidad” resulta “un don del cielo” en zonas que sufren constantes sequías. El concepto de calidad de agua o agua de calidad es, pues, muy ambiguo.

En cualquier caso, no existe un agua químicamente pura en la naturaleza. Desde su origen en las precipitaciones, toda agua lleva disuelta diferentes sustancias químicas que van incrementándose progresivamente en contacto con el suelo y el subsuelo. Esa mineralización o contaminación natural de las aguas es mayor en las aguas subterráneas que en las superficiales, pues en el subsuelo el agua circula durante más tiempo y en contacto más íntimo con el terreno.

Por el contrario, las aguas superficiales son más susceptibles de contaminación por la actividad del hombre. Prácticamente todas nuestras actividades necesitan en mayor o menor medida agua, desde nuestro aseo personal al funcionamiento de las grandes industrias. Este uso humano provoca modificaciones en el agua, algunas de tal calibre que la hacen inutilizable en determinado lugar y momento. El agua está entonces contaminada y es preciso depurarla.

Muchas son las formas de contaminación en un mundo como el actual. Las aguas residuales de las grandes ciudades vertidas sin depurar a los ríos, los vertidos a menudo tóxicos de grandes industrias y el empleo indiscriminado de fertilizantes y plaguicidas en la agricultura contaminan los cauces de los ríos.

Cómo se mide la Calidad

Los organismos oficiales tratan de controlar y evitar en lo posible la contaminación de las aguas. Para esta importante labor se controla la calidad de los ríos aragoneses en puntos distribuidos por todo Aragón. Periódicamente se miden una serie de parámetros físicos y químicos que sirven para establecer un Índice de Calidad General (ICG) del agua. El índice de Calidad General de las aguas de los ríos aragoneses es bastante aceptable si se exceptúan los tramos del Gállego aguas abajo de Zuera, en Ebro entre Zaragoza y Escatrón y el Huerva en su desembocadura.

Pero si la calidad del agua de los ríos aragoneses se midiese en función del uso que podría dársele, la situación no sería ya tan buena. Así, la casi totalidad de esas aguas requieren un tratamiento previo para utilizarse como abastecimiento a poblaciones (potabilización) y precisan un ablandamiento (desmineralización) para su uso en la industria. Finalmente, las aguas de muchos ríos aragoneses tienen elevados contenidos en sales, incrementados además año a año, por lo que en ocasiones producen la salinización de las tierras que riegan en vez de fertilizarlas.

Los organismos oficiales son conscientes de estos problemas y en los últimos años han incrementado el control de la calidad del agua de los ríos y la vigilancia de los residuos urbanos e industriales. Sin embargo, algunas industrias pretenden zafarse de este control vertiendo sus residuos más tóxicos en los acuíferos, donde es muy difícil ejercer una vigilancia que apenas ha comenzado.

El agua es vida.

Para Aragón, como para otras zonas, el agua es vida. Los hombres y mujeres de esta tierra de “polvo, niebla, viento y sol” en versos del cantautor José Antonio Labordeta, están permanentemente mirando al cielo. Hay comarcas aragonesas que pasan meses esperando la lluvia para sus campos, temerosos, al tiempo, de ser arrasados por la tormenta. Hay pueblos que deben ser abastecidos en verano con agua traída en camiones-cisterna. Hay lugares donde puede verse crecer el desierto. Por contra, en las montañas, sobre todo en el Pirineo, las precipitaciones son abundantes y cada valle está cortado por un caudaloso río que abre brecha hacia el somontano. La gran preocupación de quienes durante siglos han poblado esta franja que llamamos Aragón ha sido conservar cada gota de agua que escasamente da el cielo. Así, con la lluvia, han salido adelante unos yermos agostados por el cierzo y la intensa insolación de muchos días, de muchos años.

Donde hay agua, hay una huerta

Desde siempre, las gentes que vivieron junto al Ebro intentaron dominar cualquier caudal para llevar agua al erial y transformarlo en una feraz huerta. Seguramente los primeros regadíos del valle del Ebro se deban a los iberos. Después, los romanos realizarían algunas obras hidráulicas importantes para regar más tierras hasta entonces de secano, construyendo diques y presas como en la Hoya de Huesca o en Cinco Villas.

En la Edad Media, los musulmanes impulsaron con tesón los regadíos y perfeccionaron los sistemas de riego. Los valles del Ebro, Jalón, Jiloca, Huerva y Gállego eran ya surcados por una importante red de acequias que nacían en pequeños azudes. Cuando el Reino de Aragón bajó de las montañas pirenaicas al llano, los conquistadores cristianos se encontraron con tierras baldías, dedicadas a pastos comunales, pero también con regadíos que serían repartidos en lotes a los repobladores.

Tenemos noticias de la construcción de una acequia en Tauste en 1256 y de un proyecto para construir un canal en Bardenas en el siglo XIV. Los regadíos eran ya, pues, una obsesión para los primeros aragoneses.

Un gran canal

En la Edad Media existía la acequia de la Almozara, que recibía aguas del Jalón y, posteriormente, también del Ebro. En 1446 surgió el proyecto de la acequia del Ebro, que más tarde recibiría el nombre de Canal Imperial, el primer gran canal aragonés. Su historia es tan accidentada como el devenir del pueblo aragonés. En el siglo XVI, Fernando el Católico concedió a las Cortes de Aragón el permiso para su construcción y se aceleraron las obras; las aguas se tomarían fuera del territorio aragonés, en el Bocal, muy cerca de Tudela. Al poco tiempo se agotaban los presupuestos y se detenía aquella Acequia Imperial, como así se llamaba, que ya llegaba hasta Luceni. Pasarían dos siglos de desidia y de avenidas que fueron borrando el cauce de la hasta entonces mayor empresa hidráulica aragonesa.

En el siglo XVIII se reemprenden las obras, encargadas por el Conde de Aranda a una Junta presidida por el canónigo Ramón Pignatelli, y el 14 de octubre de 1784 las aguas llegaban a Zaragoza, y manaba por la famosa fuente de los incrédulos: “para alivio de caminantes y demostración a los incrédulos”. A pesar de tanta desconfianza se veía hecho realidad, gracias a la Real Sociedad Económica de Amigos del País, un sueño acariciado durante siglos y un grupo de aragoneses podía seguir soñando una salida al mar para Aragón.

El Canal Imperial fue el primer paso al poner en regadío 2.600 Ha en los primeros años, llevar agua a la ciudad de Zaragoza y servir de vía de comunicación y transporte para los pueblos de la ribera. Pero los proyectos seguían mansamente la corriente de los trámites administrativos y en ocasiones quedaban varados en los despachos oficiales. Haría falta que Joaquín Costa sacase de una modorra de más de cien años el proyecto del Canal de la Litera, después llamado Canal de Aragón y Cataluña, inaugurado por Alfonso XIII en 1906. Dos años después de la muerte de Costa, en 1913, se celebraba en Zaragoza el Primer Congreso Nacional de Riegos. En 1915 se aprobaba la Ley de Riegos del Alto Aragón, el proyecto más importante para aprovechar las aguas de la cuenca del Ebro

El padre Ebro. El agua en Aragón.- Patrimonio Natural y Geológico en Aragón.

El Ebro es el río de mayor cuenca y caudal de España y su importancia es enorme desde todos los puntos de vista: hidrológico, económico, energético, histórico, …
Tradicionalmente se fija su nacimiento en Fontibre, aunque bien pudiera alargarse hasta las fuentes del río Híjar, 23 Km más arriba de Reinosa.
El primer Ebro baja encajado desde los montes cántabros atravesando tierras castellanas, riojanas y navarras conforme va abriendo el ángulo noroeste-sureste de su valle triangular. En ese tramo alto, de precipitaciones abundantes, amplía notablemente su caudal una vez recibidos los aportes del Aragón y antes de perder en Tudela las aguas del Canal Imperial.

330 Km por Aragón

De los 928 Km que recorre el Ebro desde Reinosa a su desembocadura en Tortosa, 330 Km serpentean tierras aragonesas. Entra en Aragón por Novillas, donde hasta hace bien poco podía cruzarse con la barcaza “La Rosario”, y sale por Fayón, dejando atrás el pueblo sumergido en el embalse de Ribarroja.

En el Ebro aragonés, el valle se ha ensanchado y se aprecian claramente las terrazas. En la margen derecha, los depósitos fluviales forman una feraz huerta y las terrazas van ascendiendo hasta topar con las “muelas”. En la orilla izquierda, la terraza más baja es rápidamente cortada por un escarpe alineado con el camino del río. Y así, el Ebro recorre las tierras aragonesas. Casi siempre formando meandros o “galachos” cuando han sido abandonados y dejando una estela verde entre los yesos y calizas del centro de la Depresión.

A pesar de cruzar tierras áridas aumenta su caudal con los ríos que bajan del Pirineo y los que llegan desde los montes ibéricos. Su régimen es mixto, pues recibe ríos con régimen muy variado. No obtante, en su cabecera predomina el régimen oceánico que, por las aportaciones de los ríos pirenaicos, pasa a ser pluvio-nival. Sus afluentes por la derecha, de régimen pluvial-mediterráneo, apenas influyen en el régimen hídrico del Ebro.

Un sueño: navegar el Ebro

El “padre” Ebro nunca ha sido una barrera. Siguiendo su cauce y los caminos naturales de sus afluentes, los pueblos de la antigüedad llegaron desde más allá de los Pirineos y se abrieron paso hacia la Meseta. Los ferrocarriles y carreteras actuales siguen esos caminos que trazan los ríos por donde ya discurrían las calzadas.
El Ebro, aquel río “caudalosos, bello y abundante en peces” según Catón, era ya navegable en época romana y podía cruzarse por, al menos, cuatro puentes. Uno de esos pasos, seguramente un paso de tablas, comunicaba las dos orillas en la ciudad de Caesaraugusta.

En la Edad Media se transportaban por el río distintos productos y se establecieron aduanas en algunos poblados y ciudades ribereñas. Los cereales y lanas aragonesas eran entonces transportadas a Cataluña en grandes barcazas. Y hasta hace bien pocos años, podía verse a los navateros conduciendo sus almadías desde el Pirineo hasta el Mediterráneo. Más aún, en el siglo XVII se elaboró un proyecto para hacer navegable el Ebro para barcos de mediano tonelaje y, de esta forma, buscar la anhelada salida de Aragón al mar. Este sueño nunca fue posible por más que en el siglo XIX un barco de vapor lograse remontar sus aguas desde el Mediterráneo hasta Escatrón.

Filosofía del agua.

El agua forma parte de nuestras emociones, de nuestros recuerdos de infancia, de nuestros ríos y de nuestros pueblos. Va asociada al sentido de belleza, al sentido de tu tierra, de tu pueblo, de la calidad de tu vida.

VALOR ESTÉTICO DEL AGUA

Un componente del paisaje, un elemento emocional . Los ríos llevan asociados kilómetros de costas, cercanas a nuestra vida.
El agua es el alma de los paisajes. Y el paisaje es una de las riquezas naturales que tenemos. Estamos ante el valor estético del agua.
El agua además de ser un recurso es un valor, forma parte del patrimonio natural. El tema del agua no lo percibimos sólo en parámetros tecnológicos y económicos. El agua forma parte de lo emocional, y por tanto, la respuesta a planteamientos relacionados con el agua no tiene porqué ser sólo racional.
Es lícito querer disfrutar de los ríos que fluyen por nuestro territorio, aspirar a que estos ríos se mantengan, decir “estos ríos son bonitos”, “queremos proteger los ríos escénicos, los ríos salvajes”, “queremos que el agua siga formando parte del paisaje”.

VALOR ÉTICO DEL AGUA

Propiedad de todos los seres vivos del planeta. No sólo bebemos nosotros, los hombres y las mujeres tenemos prestada el agua, sin intereses por supuesto. El agua es también para los otros billones de españoles que son plantas y animales. El agua sigue un ciclo en la Naturaleza en el que, sin embargo, intervenimos constantemente.

No se puede ir siempre contra natura. España es un país mediterráneo, mayoritariamente seco, con y sin sequía, nos guste o no. Los Monegros, como la Antártida o el Sáhara, no son un desastre ambiental. La Naturaleza no se ha equivocado con ellos. Son así porque su suelo, su clima, su historia, así los han constituido. Y gracias a ello guardan sus propios tesoros naturales.

Nuestro país está sujeto a unas condiciones climáticas poco proclives al derroche. Las especies y los hábitats mediterráneos están adaptados a esas premisas, forma parte de su singularidad. Pero no nos hemos conformado con ello, hemos construido embalses y trasvases, hemos llevado el agua para regar dehesas, estepas, y semidesiertos. Hemos agujereado la tierra hasta secarla. Incluso hemos colocado millones de turistas en donde más sol (y menos agua) podían encontrar, y para convencerles de que “España es diferente” hemos sembrado de campos de golf las comarcas más secas del continente. Anular el ciclo del agua en los continentes, es fruto de esa conciencia desgraciadamente muy extendida, de que cualquier gota que llega al mar, es desaprovechada, se pierde.

La intervención en la acción antrópica en ese ciclo, tiene mucho, aunque no todo, de pensar equivocadamente que la Naturaleza está mal hecha. La racionalidad de su uso pasa por asumir las reglas del desarrollo sostenible: conocer los límites y adaptarse a ellos. Estamos ante el valor ético del agua. Los países no pueden permitirse determinados lujos, deben acomodarse a sus condiciones naturales.

En nuestra cuenca del Ebro, existen tres ecosistemas que hay que preservar. Una es el Pirineo que constituye una reserva de biodiversidad, es el gran regulador del ciclo hidrológico. La otra, es el curso medio del Ebro en el que se encuentra el último río meandriforme de curso variable en la Unión Europea, con sus galachos y sotos. Por último, el Delta del Ebro, uno de los ecosistemas más ricos de toda Europa, que necesita un caudal ecológico para su mantenimiento.

VALOR DE EFICIENCIA.- Un recurso natural escaso que debemos saber aprovechar

Nos ha tocado vivir en una parte del mundo, en la que si abrimos el grifo, encontramos agua abundante y en cualquier momento del día. No tenemos sensación directa de escasez. Y eso dificulta mucho el proceso educativo, ya que nada educa tanto como la escasez. Como sabéis el agua constituye el 80 % de nuestro organismo. Nuestro primer alimento es el oxígeno, necesitamos unos 15 litros diarios. Nuestro segundo alimento es el agua, necesitamos entre 2 y 3 litros diarios de agua de buena calidad. Pero hemos cambiado mucho, en pocos años las necesidades de agua han crecido espectacularmente, mientras que las disponibilidades no.
Necesitamos demasiada agua, aproximadamente unos 150 litros diarios por persona y día. (En Nueva York, el consumo medio por habitante y día llega incluso a los 500 litros. En el polo opuesto se encuentra Madagascar, con 5,4 litros -límite de supervivencia-).

España, es el tercer país del mundo en consumo de agua por habitante. Nos contamos entre los humanos más despilfarradores de todo el planeta. No es extraño, puesto que aquí el agua casi es gratis. Y eso que la mayor parte del país está sujeto a unas condiciones climáticas poco proclives al derroche. Pero el abuso tiene un precio. El agua es un recurso natural limitado, y como tal hay que pensar en él. Estamos ante el valor de la eficiencia. La eficiencia como valor del agua, significa hacer más con lo mismo o hacer lo mismo con menos. Implica distinguir entre demanda y apetencia.

El agua como recurso, puede y debe ser utilizada, reutilizada y reciclada. Por ejemplo, el recurso agua en una nave espacial es infinito porque se reutiliza continuamente. Una planificación basada en la eficiencia aumenta la ciclabilidad en el uso del recurso agua. Para ello es necesario invertir en modernización y eficacia, en técnicas eficientes como pueden ser la desalación, la desalinización y el ahorro, frente a otras medidas como son los embalses y los trasvases. El valor de la eficiencia también obliga a distinguir entre uso y consumo. El consumo es lo que necesitamos, el uso es lo que podemos modificar y disminuir o aumentar. Podemos gestionar bien, buscar las dobles o triples utilizaciones, el máximo ahorro en el consumo directo y limpiar la totalidad del agua que usemos.

VALOR DE CALIDAD.- Mantener su limpieza como garantía para la vida

El agua que sale del grifo esperamos que sea limpia y sana. El cambio de hábitos en nuestra sociedad no sólo se manifiesta en un aumento de consumo, sino también en lo relativo a la calidad del agua. En muchos lugares de Europa el agua es más bien una mezcla líquida de productos químicos. Hace tiempo que los análisis de laboratorio demuestran que el agua destinada al consumo humano contiene residuos de pesticidas, de nitratos procedentes de fertilizantes, de aluminio y plomo procedente de tuberías, etc.

Estamos ante el valor de la calidad del agua. Alterar la calidad del agua es un serio atentado al bienestar de las personas, contra su salud y contra su propia vida. Es también un atentado contra la dignidad de la Naturaleza y de todo lo que en ella existe, porque afecta a la pervivencia de multitud de especies que pueblan la Tierra. El agua no es sólo nuestra, como ya hemos comentado hay multitud de seres vivos, a los que también les pertenece el agua. Sin embargo, algunos datos ponen de manifiesto que la contaminación del agua es un echo real:

• El 30 % de todos los tramos fluviales del mundo industrializado presentan un alto grado de contaminación.
• 2.500 millones de personas están expuestas a enfermedades vinculadas con la contaminación del agua. En nuestros días se dan 45.000 casos de cólera.
• La mala calidad del agua es culpable del 30 % de las muertes en el Tercer Mundo.
• Unos cuatro millones de niños mueren cada año como consecuencia de infecciones transmitidas por el agua.

El agua es el alimento que en mayor cantidad necesitamos. Bajo una u otra forma son varios los cientos de litros que al año pasan por nuestro organismo, en donde el menor constituyente químico anómalo es detectado, no siempre a corto plazo. Está claro pues que necesitamos agua limpia para vivir. Sin embargo, a veces, con nuestra exagerada obsesión por la limpieza, contaminamos la atmósfera de nuestras propias casas con ambientadores e insecticidas, y el agua de nuestros ríos con detergentes inadecuados. Blancura no es sinónimo de limpieza. Blancura radiante es, en ocasiones, sinónimo de suciedad y muerte de los ríos. Es el coste ambiental de la limpieza equivocada. Porque algunos productos de limpieza utilizan grandes cantidades de productos químicos tóxicos que contaminan el aire y el agua.

La Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos surgió ante la inminente posibilidad de construcción del embalse de Biscarrués-Riglos, con el consiguiente impacto irreversible sobre la estructura social, ambiental y paisajística no sólo de la zona inundada por el embalse, sino de todo el curso bajo del río Gállego. Agrupa a un conjunto de asociaciones y personas interesadas en un debate racional y desmitificador de la gestión del agua y en la presentación de alternativas a las actuales propuestas de regulación mediante la construcción de embalses.

Los regadíos aragoneses.- Patrimonio Natural y Geológico en Aragón.

El medio físico aragonés y, sobre todo, sus condiciones climáticas son difíciles. La sequía, el cierzo y los contrastes de temperatura endurecen la vida de los aragoneses apegados a su tierra y obligados desde siempre a luchar contra las adversidades. Los pobladores del secano han ido consiguiendo pacientemente dominar en gran medida un clima que casi nunca las venía de cara. Sus esfuerzos les ha costado transformar un medio hostil en otro más acogedor. Han sido precisos complejos sistemas de regadío para transformar las tierras baldías en ricas huertas. Esos sistemas de regadío han hecho posible el desarrollo económico de las zonas a donde ha llegado el agua. Actualmente las diferencias entre municipios con predominio de regadío y localidades de secano son considerables:

• La producción agrícola por Ha labrada es 2,58 veces mayor en regadío.
• El Valor Añadido Neto por Ha labrada es 4,46 veces superior en el regadío.
• La producción ganadera es dos veces mayor en el regadío.
• En las zonas de regadío se desarrollan con mayor facilidad las actividades industriales. La actividad complementaria por habitante que se genera en el sector industrial es 1,96 veces mayor que en el secano.
• El tamaño medio de los municipios de regadío es de 1.147 habitantes frente a los 420 habitantes de los de secano.
• La población menor de 15 años oscila entre el 18,52 % y el 21,46 % en el regadío, mientras en el secano la oscilación va del 12,78 % al 15,78 %. El porcentaje de población joven es, pues, mayor en el regadío que en el secano.
• El índice de envejecimiento está entre el 13,65 % y el 17,97 % en el regadío y del 19,23 % al 24,46 % en el secano.
• Regadíos actuales mediante grandes canales
Canal de Bardenas ………… 40.074 Ha
Canal Imperial …………… 17.125 Ha
Canal de Tauste ………….. 6.358 Ha
Canal de Aragón y Cataluña … 62.306 Ha
Canal de Lodosa ………….. 3.300 Ha
Canal del Cinca ………….. 45.204 Ha
Canal de Monegros ………… 53.129 Ha
Canal de Piñana ………….. 95 Ha

El Riego tiene Historia

El Canal Imperial fue la obra pionera de los grandes sistemas de riego aragoneses. El proyecto, con antecedentes medievales, fue abordado definitivamente en el siglo XVIII. En el XIX se llevaron a cabo las obras que han permitido poner en riego 17.125 Ha en Aragón. En la actualidad se prevé ampliar los regadío aragoneses con este canal en otras 14.065 Ha, lo que supone un incremento superior al 82 %.

La promoción de regadíos recibió un fuerte impulso a comienzos del siglo XX a través del Plan de Obras Hidráulicas (1902) y la creación de las Confederaciones Hidrográficas (1926). De esta política hidráulica, en la que jugaron un papel destacado Joaquín Costa y Manuel Lorenzo Pardo, nació el Plan de Riegos del Alto Aragón.

Los orígenes de este Plan, el más importante proyecto de regadíos para Aragón, se remontan hasta 1913. Su objetivo primordial era el aprovechamiento conjunto de las cuencas de los ríos Aragón, Gallego y Cinca para así poder compensar las deficiencias de algunas de ellas, sobre todo de la cuenca del Gállego.
Después de la Guerra Civil (1936-39) se inició una nueva política hidráulica. Se continuaron proyectos anteriores y se inauguraron los embalse de Yesa, Mediano y El Grado y los canales de Bardenas y Monegros.

En conjunto, los aragoneses han ido transformando, a lo largo de su historia y hasta la actualidad, 411.900 Ha de secano en regadío. De ellas, 227.591 Ha, están regadas por los grandes sistemas o grandes canales y el resto, 184.309 Ha, por los pequeños regadíos, muchos de ellos siguiendo los sistemas tradicionales de riego.

No todo el territorio aragonés tiene las mismas posibilidades de riego. El Ebro, como en otros tantos aspectos del medio aragonés, marca la línea divisoria de dos zonas claramente diferenciadas: la margen izquierda y la margen derecha.

Margen izquierda: gran potencial hidráulico

Los grandes proyectos de riego aragoneses se han desarrollado tradicionalmente en la margen izquierda del Ebro. Esto es así porque es una zona con abundantes recursos hidráulicos y tiene un superávit que permite atender todos los riegos actuales y aquellos cuyas obras se encuentran en marcha.

Sin embargo, no toda la margen izquierda dispone de la misma cantidad de recursos. La cuenca del Gállego necesita reforzar sus caudales con aportaciones procedentes tanto del Aragón como del Cinca y del Ésera para atender la demanda de nuevos regadíos, como los de Monegros II, los de la Hoya de Huesca y la acequia de Leciñena.

Esta zona dependiente del Gállego, la única deficitaria de la margen izquierda, cuenta con alternativas no muy complejas. Los excedentes del río Aragón pueden ser trasladados desde el embalse de Yesa y a través del Canal de Bardenas hasta los embalses de la cuenca del Gállego, como el de la Sotonera, o hasta los que puedan crearse en el futuro aguas abajo de Ardisa para almacenar agua en invierno. También es posible trasvasar al Gállego los excedentes de los ríos Cinca y Ésera a través del Canal del Cinca siempre y cuando se optimice la regulación conjunta de estos últimos ríos.

Margen derecha: casi todo por hacer

La margen derecha tiene unas características bien diferentes de la margen izquierda. A la derecha del Ebro no sobra agua. Todas las subcuencas de los ríos ibéricos arrojan un déficit en relación a las demandas de riego actuales y futuras. De ahí que en el Informe sobre los riegos (1986) elaborado por la Diputación General de Aragón se insista en que es absolutamente prioritario iniciar en el más breve plazo de tiempo posible las actuaciones en este área.

Una de las posibles alternativas es el Gran Canal de la Margen Derecha del Ebro. Este canal tendría su origen entre los ríos Tirón y Najerilla a la altura de Baños de Ebro (Álava). Se calcula que podría regar 114.006 Ha, de las cuales 69.971 Ha corresponderían a Aragón y el resto a La Rioja y Navarra. Sin embargo, este proyecto presenta grandes dificultades para su ejecución.

Otra alternativa, más factible que la anterior, consiste en tomar las aguas del Ebro aprovechando la infraestructura ya creada con los canales de Lodosa e Imperial y con otras tomas aguas abajo de Zaragoza, desde donde se llevaría por tierras de la margen derecha.

Los futuros regadíos

Con los planes antes mencionados y otros que aparecen en el Informe de la Diputación General de Aragón se proyecta duplicar la superficie de riego actual en Aragón. Estos futuros regadíos se distribuyen en 35 áreas y abarcan una superficie de 421.314 Ha, si bien 16.711 Ha pertenecientes al área regada por el canal de Aragón y Cataluña se localizan en la provincia de Lérida. Entre ellos están los siguientes:

Canal de Bardenas ………… 45.000 Ha
Margen derecha del Ebro …… 69.971 Ha
Monegros ………………… 67.237 Ha
Canal de Huesca ………….. 21.565 Ha
Litera Alta ……………… 14.239 Ha
Elevaciones Riegos Alto Aragón 43.037 Ha
Canal Imperial ………….. 14.065 Ha
Jalón-Jiloca …………….. 26.053 Ha
Acequia de Leciñena ………. 20.880 Ha
Alcanadre ……………….. 15.000 Ha
Canal de Aragón y Cataluña … 9.743 Ha

El agua, elemento aglutinador

Proyectos, pues, no faltan, con la vista puesta en continuar la labor emprendida por los aragoneses del pasado. Y esto, no sólo porque el agua es un factor económico cada vez más valorado en la sociedad actual, sino porque en Aragón es, además, “el elemento alrededor del cual se ha formulado la voluntad histórica de un pueblo”.

El agua ha sido, y es, el principal elemento de interconexión entre la montaña y el valle y en torno a sus sistemas de regulación y aprovechamiento se ha generado el elemento aglutinador del cuerpo social en Aragón. Buena parte de los desequilibrios económicos y sociales del territorio aragonés están en relación directa con la abundancia o escasez de agua.

Esta debe ser la filosofía del agua que debemos mantener en las próximas generaciones para que Aragón se mantenga vivo en el conjunto de una España cada vez mas dispersa y confusa, pero a la vez más egoísta y mezquina en algunas regiones.

• Fuentes: Paginas de Internet sobre el agua en Aragón de libre consulta.
• Recursos propios.
• Libros, artículos y revistas de libre circulación en Internet.

Texto: José Fernando Benito Gascón

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *