Desazón por la tala de pinos

El acuerdo y decisión del Ayuntamiento de Sástago de talar los pinos de la Plaza Ramón y Cajal ha producido en algunos medios locales cierta desazón. Según se sabe, el acuerdo se tomó, ante la magnitud alcanzada por estos coníferos. En los años en que se plantaron, no hay duda que lo hicieron con buena intención, pero los promotores de esta acción no llegaron a imaginar o no supieron predecir el daño que con el devenir, su crecimiento iba a producir.

Sus raíces hincadas en el suelo, buscando base de sustentación, extendiéndose, progresando como tentáculos en pos de humedad, moviendo el suelo pavimentado, incluso hasta alguno de los edificios próximos, ha sido la causa de tal determinación.

Dignos de admiración

Por su robustez y altura, eran dignos de toda admiración. Si aceptamos, que lo más vigoroso del mundo vegetal son los árboles, de muy varias exigencias, de múltiples formas y tamaños.

Hay algunas personas que reconocen que ven la plaza más maja y despejada. ¡Respetable observación! pero se supone el análisis o estudio de posibilitar el cubrimiento de los espacios libres con otras especies vegetales, de menor crecimiento y progresión, o con plantas propias de jardín. Sin caer en concepto peyorativo, la visión que aparece ahora ante la mirada, es un perímetro despojado de árboles, con la fuente rota, ofreciendo un aspecto desabrido.

Solo la palmera que plantó en su día lejano el extinto Angel Sariñena “El manchón” pone la nota de color al desolado coso de calle Mayor. Es de suponer que en su momento, se tomará un acuerdo de plantar otras clases arboladas de sombra de distintas procedencias. Como ejemplo de otros lugares podemos citar: la acacia espinosa, originaria de América septentrional, que se han plantado, según noticias en plazas y paseos de Europa.

Ver la plaza así de rasa, trae a mi memoria el título de una obra de teatro del gran autor asturiano, Alejando Casona “Los árboles mueren de pie” es como han acabado estos, derribados y muertos por el pie.

Felices Fiestas y venturoso Año Nuevo para todos.

Texto: Victor Sariñena Gracia (Vicsar)
Fuente: Publicación nº 79 de La Crónica de la Ribera Baja del Ebro

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