Desde lo alto del mirador

Es costumbre de muchos vecinos asomarse diariamente por los distintos puntos que pueden hacerlo, o bien como reza el título desde el alto mirador de la Plaza Excma. Diputación, con el fin de contemplar la panorámica del río “Ibérus”, nombre de la civilización romana y que ahora sectores hay que lo citan como “EL EBRO GRAN RÍO DE EUROPA”.

Con las dos crecidas de febrero, las noticias abundaban en las numerosas y tristes inundaciones de huertas y municipios aguas arriba de Zaragoza. La zona de los meandros y con respecto a nuestro pueblo, anegaba mejanas, sotos, campos de partes bajas, soladas y los viejos chopos de ribera, etc. Abajo, el bello paseo Cantera, admiración de extraños más que de propios. Las aguas desbordadas lamían los cimientos del mismo. La masa líquida corría y pasaba dejando sentir la atracción de mirar de un lado a otro, observar río arriba su progreso y su aproximación girándose y engolfándose entre los árboles y arbustos y continuando su discurrir alejándose y desaparecer, para finalmente perderse en el horizonte, dando una sensación que conmovía y subyugaba a un tiempo.

Detenerse en ver la obra del paseo, que a su vez es cañada real y paso en la ruta Jacobea, oferta turística, produce una gran pena, por el abuso constante de belicosos bárbaros, no aquellos del año 409, que llegaron a la península a luchar contra el imperio romano; son ahora los modernos vándalos del siglo XXI, que rompen farolas, tantas como las que repone el Ayuntamiento, así como bancos de piedra y algunas escalinatas por las que se accede a él, desde la plaza.

Este tipode desmanes, indica una situación de declive moral de un sector de la sociedad que no distingue entre el bien y el mal. ¡Vamos, si que distingue, pero todo les da igual, que es lo terrible!. Hace tiempo que existe fragilidad del ecosistema, dada la ausencia de planes serios de conservación, sin duda causas fundamentales del actual grado de deterioro. Visible también en los chopos, olmos y moreras que se extienden a lo largo del tramo, bocamina de central uno, hasta el vetusto edificio y ruinoso norial de los campillos Montler. Apelando a la educación medioambiental se pretende la defensa de las especies autóctonas por ello la Confederación Hidrográfica del Ebro, debería permitir, una buena limpieza, talando toda esa cantidad de chopos fofos, rotos, carcomidos, secos y apolillados que afean la cuenca regulada por presas, sotos y bosques en estado lastimoso de conservación.

Al quitar los dañados, agrietados, huecos, podrían repoblarse de jóvenes plantones de álamos de las tres variedades más características de éstos salicíneos indígenas de España.

El blanco, árbol que se parece al chopo y en primavera muestra sus hojas verdes por una cara y blanquecinas por la otra. El negro, con hojas verdes por las dos caras y el temblón, cuya corteza es lisa y blanquecina, con hojas que se mueven continuamente.

La larga línea de mas de un km. está poblada de esos chopos y en la parte final, un poco antes de situación del estrecho puente de paso al soto, alternan con olmos y alguna morera, (2) que por ser hermafrodita, ha germinado y crecido espontáneamente. El tramo en cuestión, muy tupido y plagado de matorrales y zarzas, hacen impenetrable el acercarse al cauce.

No hay que olvidar el talud, que se alza desde el camino hacia la parte trasera de las casas. Procurar su limpieza de los escombros y otras inmundicias que lo componen, no es lugar para depositarlas. Su inclinación debería ser una pradera de fresca y cuidada hierba.

Para concluir con el soporte de la noria y viejos restos de edificio. Estaría muy bien despejarlo de la maleza que crece en su entorno ahogándolo, no permitiendo que se vea su estructura, muestra hidráulica de siglos, que constituye un extraordinario legado de nuestro patrimonio cultural.

Estos bonitos lugares compuestos por bosques de ribera, sotos arbustivos, contienen unos valores térmicos de frescor ambiental que atrae a muchas especies animales. Por lo expuesto, insisto, que la gran mejana que está tras la presa plagada de maleza, debería limpiarse de la broza acumulada, aclarada su espesura, y así el humedal quedaría perfectamente cuidado en toda su extensión.

Texto: Victor Sariñena (Vicsar)
Fuente: La Voz de la Tercera Edad; Mayo de 2003

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