El cazador de Sástago

Esta historia le ocurrió a un cazador de Sástago que al parecer mataba poca caza y los amigos decidieron ayudarle de alguna manera. El nombre del cazador por supuesto va a ser un nombre ficticio, le llamaremos
Manolo. Bien, Manolo, el cazador, tenia mucha ilusión por matar una liebre y sus amigos que lo sabían estuvieron toda la semana animándole y alabando su buena puntería, en fin que Manolo esa semana era el mejor, rebosaba optimismo y estaba deseando que llegara el domingo para salir al monte a por la liebre que seguro iba a liquidar.

Llego el domingo y Manolo que se había preparado todo el atuendo la noche anterior. Salió raudo hacia el más del monte donde aguardaban los compañeros de caza para salir a por los “bichos”. La mañana iba
trascurriendo normalita una perdiz aquí, otra allí, y Manolo que no se estrenaba el grupo de cazadores iban a la par formando una línea batiendo una buena franja de terreno y entonces ocurrió lo siguiente: el compañero que Manolo tenia a la derecha lo llamo en voz baja ¡Manolo! Mira allí tienes una encamada ¿Donde, que no la veo? ¡Allí! ¡a tu derecha, no ves el matorral, abajo esta la liebre ¡La veo esta encamada! ¡Dispara es tuya!.

Manolo apunta con calma, la liebre no saltó y el pudo tomarse todo el tiempo del mundo antes de soltar el disparo que sonó como un cañonazo en el monte. ¡Por fin mi liebre me pondré la cola en el sombrero trae buena suerte! Los compañeros lo felicitaron mientras se acercaban a la liebre muerta, al llegar al matorral todos se quedaron callados mirando a la liebre, a Manolo se le vino el mundo encima.

La liebre estaba tripa arriba entre el matorral y en su pecho un cartel decía: ¡MANOLO MAS MATAO!

Espero que os haya gustado la historia, es real, sólo que los nombres y los lugares son ficticios.

Texto: José Fernando Benito Gascón

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