El reto de regar el secano

Algo que se pide desde largo tiempo cuando el abandono amenaza la desertización, es la constante que prima en las tierras esteparias de la depresión del Ebro. Esta reflexión, me vino a la mente en un paseo que días pasados realicé recorriendo algunas áreas del monte, observando espacios y vertientes poco productivas, motivadas tal vez, por la destrucción de su vegetación inicial, que ha agotado la fertilidad del suelo.

En esta parte de los meandros de la cubeta del río, el aire es muy seco, con precipitaciones de muy escaso nivel milimétrico, variables de un año a otro. Éste ha sido la excepción, de lluvia del cereal.

Pero no olvidemos ese cierzo que viene del noroeste soplando fuerte y deseca mucho las plantas. Conducía el coche a poca velocidad, pero iba avanzando hasta llegar a la salina grande de la Playa o del Rey, inundada por la lluvia y llena de sal. estas “dolinas” endorreicas, cuyos lechos se asientan sobre margas yesíferas del Mioceno. Según los científicos: son una combinación de caliza, yeso, sal común y sulfato sódico.

La evolución con la roturación de terrenos, avatares históricos con cambios de dudosa orientación, la posterior concentración han continuado con la producción de trigo, avena y cebada, en algunos con muy escaso o nulo rendimiento, pero claro, en espacios ya en proximidad monegrina, cualquier otro cultivo se adapta mal.

Por todo ello se podría decir, de una manera un tanto simplista, que el factor que mueve ese deseo de regar el secano es una petición puramente económica, pues alguien con buen criterio ha dicho: Que el regadío es tierra de cultivo y el secano es casualidad, o dicho de otra manera, se cultiva en regadío o simplemente se sobrevive en secano. ¡Sin duda una gran verdad!

 

Texto: Víctor Sariñena (Vicsar)
Fuente: Publicación nº 51 de La Crónica de la Ribera Baja del Ebro

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