Historias del Conde de Sástago

Entrada Palacio Condes de SástagoVoy a intentar contar unas historias que hacen referencia al Conde de Sástago. Me baso en historias que han ido pasando de boca en boca generación tras generación. Con el pasar de los años las historias se deforman aunque el fondo de la historia siempre tiene una pizca de veracidad y recordemos que el conde de Sástago tenía una casa solariega ya desaparecida en el pueblo, donde hoy se sitúa la residencia de ancianos Carlos Piquer.

Intentaré relatar una de esas historias negras del Conde de Sástago, tal cual ha llegado a mis oídos.

Bien, cuando se instalaron los monjes en el Monasterio de Rueda inicialmente les costo acomodarse y crear todo el sistema de riego que ahora vemos y que les daba el sustento. Pero hasta que lograron ese nivel de autosuficiencia y sin tener nada para la comida diaria, decidieron acudir al amparo del Muy Ilustre Sr. Conde de Sástago.

Tomo el camino el Padre Abad, hasta Sástago se presento en Palacio Condal, pidió audiencia al Conde y cuando estuvo ante él y tras los saludos protocolarios le dijo:

– ¡Vengo a pedir un favor!
A lo Cual el Conde respondió:
– ¡Si en mis manos está!
– Quiero que me deis tierras para cultivarlas.
-¡Cuantas! Contesto el Sr., Conde, pensando que sería para huerto. – Presto, aprovechando la coyuntura el Padre Abad le replico.
– Que salga un fraile por la mañana al salir el sol y el camino que recorra hasta el medio día, esas son las tierras que le pido.

El Conde sorprendido por la petición, pero con la soberbia propia del rango, asintió a la petición del Abad y así se le concedieron las tierras al Monasterio. Dado que era una bajeza para un noble el perder patrimonio, quiso vengar la ofensa el Sr. conde y pasado un tiempo acudió al Monasterio.

Los monjes lo recibieron con alabanzas y reverencias. El Conde pidió ver al Abad y cuando estuvo ante el y tras los saludos de rigor le dijo al padre Abad:

– ¡Vengo a pedir un favor!
A lo cual contesto el padre Abad contesto:
– ¡Si en mis manos esta! El Conde le dijo:
– Pues quiero ver como le echan una cazuela de pez hirviendo por la cabeza.

El Abad ordeno al fraile de cocina que así lo prepararen y así murió el Padre Abad. Así me lo contó mi padre y a él el suyo. Tal acontecimiento, estuvo representada en una pintura de un techo, en el Palacio Abacial del Monasterio de Rueda, hasta poco antes de su restauración.

Yo he visto la pintura en muy mal estado. Leyenda o verdad yo personalmente me inclino a que es verdad, ya que no se quién era más malo de los dos personajes el Conde o el Abad.

Relato de Simón Ordovás
Texto: José Fernando Benito Gascón

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