Historias del Monte Bajo. La venganza.

Empezaba la temporada de caza y comos todos los años, es costumbre en Sástago, ir a cenar a las casetas de monte o mases, dormir en ellas, algunas están muy bien preparadas con camas y todo lo necesario, bueno no conozco ninguna que tenga el baño dentro, por lo demás alguna tiene hasta alfombra en el suelo, el caso es que hay que salir con las primeras luces del alba a cazar.

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Garri y el cuñado del Dubi habían ido a comprar la cena a Fuentes, le iban a dar una sorpresa a Dubi e iban a hacer una mariscada para cenar en la caseta, en cuanto volvieron al pueblo con la compra Garri fue a decírselo a Dubi, pero a este resulta que le había salido un compromiso de ultima hora y no podía ir a cenar le dijo a Garri que guardaran el marisco para comer.

Garri se opuso rotundamente porque según el, el marisco se echaría a perder si no se lo comían para cenar, añadiendo además.

-Y sabes que te digo, que si no puedes venir a cenar te jodes, nos lo comeremos todo tu cuñao y yo.

El Dubi desde ese mismo momento empezó a planificar la venganza que iba a ser sonada y para que supieran que estaba dispuesto a ello le dijo a Garri

– Esperar pájaros que esta me la pagáis.

A la tarde noche, el Garri y el cunado del Dubi se subieron al monte a la caseta, cuando llegaron descargaron todo y se dispusieron a preparar la cena. Encendieron el hogar, abrieron una botellita de vino de aguja fresco y prepararon la plancha, decidieron hacerse la mariscada en dos partes, primero los mejillones, navajas, cigalas y gambas y en una segunda embestidas las tres centollas, dicho y hecho.

– Garri estas seguro que hacemos bien zampándonos todo.
– Bien no, muy bien, así aprenderá para otra vez.
– Mira que nos la guardara
– Me da igual, de este pescao no va a probar ni la raspa.

Se pusieron los dos hasta el culo de marisco, regado con tres botellitas de vino de aguja, que se mantenía fresco a la intemperie y que iban metiendo en función de las necesidades. Al final en la bandeja solo quedaron dos o tres gambas y un par o tres de patas de las centollas.

– Ostras chiquer como nos hemos puesto, mañana se lo diremos a tu cuñao, le dejamos la bandeja sin recoger para que vea lo que se ha perdido.
– Igual nos pega un par de tiros a a cada uno.
– No te preocupes, mañana ya se le habrá pasao, ahora vamos a dormir que mañana hay que emprender la caza a primera hora.

Poco tardaron en coger acomodo en los camastros y al poco estaban dormidos como troncos. No podían imaginar lo que unas horas después iba a pasar. Desde el momento en que el Garri lanzo la amenaza de que se iban a comer toda la mariscada, el Dubi empezó a planificar la venganza y nada mas comer, se marcho a la ciudad a un sitio que el conocía en el que vendían pirotecnia pesada. En cuanto le atendió el dueño, le pidió los cohetes mas grandes que le pudiera vender le enseñaron unos bazokas más gordos que un brazo.

– Estos, estos son bueno.
– Mire que estos los usan en Valencia para las mascletás.
– Aun tenían que ser más grandes.
– Ya no se pueden vender serian armas de destrucción masiva.
– Pues esos necesito yo, para liquidar un par de pajáros grandes y negros.

Dubi se tuvo que conformar con los bazokas, se llevo los ocho que tenían en existencia, se monto en el coche y bajo al pueblo con la carga explosiva.
Ceno, hizo los compromisos que tenía que hacer y que le habían impedido cenar en el más y se acostó para dormir un par de horas con la idea fija que tenia que estar en la caseta a las dos y media de la madrugada.

– Esa es la hora en que los pájaros estarán durmiendo como troncos y a esa hora los pescaré yo.

A las dos menos cuarto se levanto, cargo el coche con la escopeta los cartuchos y lo necesario para pasar el día y por supuesto los ocho bazokas y marcho hacia el monte.

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A las dos y veintiocho de la madrugada diviso la caseta, dejo el coche en el camino para que no barruntaran el ruido del motor, cogió los bazokas y la linterna de CSI, se acerco sigilosamente a la ventana de la caseta, miro dentro y como el hogar estaba encendido, distinguió a los dos durmiendo a pierna suelta, enchufo la pequeña linterna de cañón dirigido y vio la bandeja con los restos del marisco.

– Lo vais a pagar pajáros.

La idea original era disparar un par de cohetes contra la puerta y cuando salieran, ir lanzándoles los otros, pero al ver el hogar encendido se le ocurrió otra cosa, dejo cuatro cohetes en el suelo y se subió al tejado de la caseta con los otros cuatro, los metió por la chimenea con la idea de que el calor del hogar acabaría prendiendo la mecha y los cohetes saldrían guiados hacia su explosión final en el cielo, luego cuando salieran asustados les largaría los otros cuatro seguidos.

Metió los cuatro cohetes dentro de la chimenea y se dispuso a espera a que salieran disparados, pero al cabo de veinte minutos aquello no funcionaba.

– Me caguen la mar vosotros no os vais a librar tan fácil pajáros.
Cogio los cuatro bazokas restantes y los ato a la reja de la ventana, luego unió las cuatro mechas para que se encendieran a la vez y sin mas le prendió fuego.

Así como se separaba de la reja, se dio cuenta demasiado tarde que aquellos cohetes no iban a salir volando. No le dio tiempo a mas, la explosión de los cuatro bazokas se oyó a varios kilómetros a la redonda, Dubi salio volando mas de veinte metros dándose un talegazo contra el suelo, la reja y un trozo de pared salieron volando también, la onda expansiva hizo que la llama se fuera hacia arriba en el hogar y prendieron los cuatro bazokas de la chimenea salieron hacia el cielo junto con toda la chimenea y parte del tejado, una nube espesa blanca, con olor a pólvora lo invadía todo Dubi se levanto aturdido.

– A estos los he matao.

Corrió hacia la caseta y al acercarse vio salir un bulto y a continuación otro manoteando y chemequeando.

– Un atentao, esto ha sido un atentao

Gabi distinguió a su cunado y al Garri que aunque estaban blancos de escombro no se les veía que les faltara nada.

– Que susto me habéis dao cabrones pensaba que os había matao.
– Estas loco como una cabra chiquer, no nos has matao de milagro.
– Así aprenderéis a no joderme más con las cenas.

Los hechos acontecidos en este cuento son reales. Los personajes también.
Esta no es esta la única historia del Monte Bajo, habrá mas.

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