Jota de la Ribera Baja

Fiel a su cita anual, dentro del programa “Ciudadanía”, el Servicio de Cultura organizó la concentración de grupos de jota de la comarca. Este año logró concentrar más de mil personas, en torno al doce por ciento de la población comarcal.

Tamaño éxito se debió, sin duda, tanto, a la magnífica entrega y calidad de los grupos participantes, unos trescientos joteros, como al gran esfuerzo y buena disposición del Ayuntamiento, la brigada municipal y la asociación de mujeres ‘Aguasvivas’ de La Zaida, anfitriones del evento.

También se contó con la excelente colaboración de los voluntarios de Protección Civil y de la ambulancia de la Cruz Roja. Todo ello quedó registrado por Antonio Clavero y Alex Bolea, que ejercieron de cámara y de fotógrafo. Vayan a modo de felicitación para todos ellos, estas estrofas.

Este año dos mil catorce, con la Zaida de anfitrión, para marzo, el veintinueve, la cita se programó y a las cinco de tarde el evento se inició: sonó RiberaBaJota en su cuarta edición. El encuentro comarcal a ocho grupos congregó. Con La Zaida, Quinto, Gelsa, Pina, que actuó con dos, Alborge junto con Sástago y también vino Escatrón. Brillantemente ataviados. ¡Excelente! A cual mejor. Por el público arropados, transmitiéndoles calor, el escenario ocuparon llenándolo de color. Tuvieron gran acogida, se abarrotó el pabellón, mostrando, por sus joteros y la jota, su afición. Una vez llegó el momento, fue Mar Sanz, a la sazón maestra de ceremonias, quién de viaje nos llevó por los caminos del Ebro que estos pueblos dibujó, y, con su habitual dulzura, la ruta nos presentó. Hubo grupos con solera, de reciente creación, y alguno reconquistado. Todos ellos con tesón, y cuantiosos componentes rebosantes de ilusión, con reputados maestros en su sabia dirección. Una cosa muy común: su dispar composición. Era fácil encontrar a un jotero setentón sonriente contemplar a un alevín juguetón iniciándose en el baile: su heredero y sucesor. Por allí se comentaba, eso sí que es afición, que una familia al completo intervino en la función: la madre de bailadora, el padre de tañedor, la hija de cantadora y el hijo de cantador que, además, hizo doblete, también a bailar salió. Repertorio muy variado, mucho se bailó y cantó. Solistas, dúos, grupales, el bolero no faltó, habaneras, picadillos con un tono “picantón”, jota de Alcañiz, los Sitios… Mucho se cantó y bailó. Laúd, guitarra, bandurria… ¡Bien os hicieron sonar! Excelentes las rondallas. ¡Cómo las voy a olvidar! Interpretáis lo que piden, en cualquier tonalidad y si alguno se despista, lo volvéis a encaminar. Sonaron las castañuelas dándole ritmo al bailar. Dos horas y media largas, tiempo que pasó fugaz. Despertasteis sentimientos, nos lograsteis arrancar pucheros, lágrimas, risas… Aplaudimos a rabiar. Me quedo corto si digo: se pasó fenomenal. A todos los componentes, por lo dicho y mucho más y porque os lo merecéis, os quiero felicitar y pediros que sigáis con tan grata actividad. Para que, luego, nosotros os podamos disfrutar. POSDATA Es cosa un tanto curiosa y no encuentro explicación: ¿por qué hay pocos bailadores? Por más vueltas que le doy, no resuelvo tal incógnita, no descubro la razón. ¿Es solo circunstancial o es que así siempre pasó? Espero que no se enfaden si aprovecho la ocasión e invito a todos los grupos a buscarle solución. No porque sean culpables ¡Qué ocurrencia! ¡No, por Dios! Ni porque sea un problema. Quizá por la tradición. Nadie lo interprete mal, no va con mala intención. Es cuestión de trabajarlos sin dejarles otra opción. Si los mozos titubean o es que timoratos son, con cuatro zalamerías a darles un empujón. Si muestran indiferencia, tocarles el corazón… Algo habría que pensar… ¿Y ponerles un pregón escrito con mucho gancho, atractivo, seductor, que su curiosidad pique?… ¿Algo se podrá hacer, no? ¿O ir directamente al grano? Quizá nadie preguntó: Eh, tú, acércate muchacho, ¿quieres ser mi bailador?

Rafael Fernández Tremps. Abril, 2014.

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