La casa de la bomba

El día estaba gélido aunque la primavera ya estaba bien entrada. Uno de tantos domingos en los que Sástago despierta tranquilo, apacible. Era un 12 de Mayo, y aunque en principio la mayoría se toma su fin de semana de descanso, también hay quien aprovecha para adelantar su trabajo. Así, en este domingo de primavera, ya entrada la mañana, se rompía esa monotonía y unos albañiles encontraban en una excavación en la calle San Roque lo que en principio parecía un gran pedrusco.

Aparecía a una profundidad de 2 metros bajo el suelo. Conforme fueron avanzando en su trabajo esa roca iba tomando forma hasta entreverse cada vez más sus grandes dimensiones y su aspecto casi intacto. Se trataba de un artefacto en toda regla, o sea, una bomba. En
principio, se debatieron todo tipo de conjeturas hasta que, una vez avisados vecinos y reunidos los viandantes que por allí se acercaron, hubo quien recordó que en esa misma casa cayó un proyectil durante la guerra, sobre el año 1938.

El trozo de metal pesado del que estamos hablando rondaba los doscientos cincuenta kilos y su tamaño era de 2 metros y 10 centímetros con un diámetro de 50 cms. En sus formas podían apreciarse claramente la expoleta casi intacta así como la anilla en la parte superior que sirviera para levantarla. Los allí presentes permaneciamos estupefactos ante tan improvisado hallazgo. Allí estabamos Rubén Garín, Rafael González Yagüe, un servidor Luis A. Serrano, etc.

El siguiente paso fue, desde luego, el más acertado. Se procedió a dar aviso a las fuerzas de orden público que seguidamente lo ponían en conocimiento de los artificieros de la Guardia Civil de la zona que se
presentaron en poco tiempo en Sástago. Una vez presentes los expertos certificaron el hallazgo y comentaban -entre sonrisas- las probabilidades que había de que explosionara o los desperfectos que podía haber causado si se le hubiera dado un golpe certero en la espoleta.

El “artilugio” desenterrado permanecía allí desde hacía 60 años y nadie se había percatado de ello, aunque los viejos del lugar si recuerdan que por los alrededores había caído una bomba y como ellos decían “había matado a la burra”.

Los artificieros discutían como deshacerse de la bomba. Se barajaron algunas ideas para llevar el artefacto a las afueras de la localidad o incluso al monte de Sástago para efectuar una explosión controlada, la idea
era acordonar una zona segura y proceder a la explosión de la pieza con todas las seguridades. Alguien tuvo la idea de hacerlo en las inmediaciones del campo de tiro donde existen una especie de cavernas que podían albergar la bomba.

El transporte se hizo en la “retro” que estaba excavando en la obra. Se dirigieron hasta las inmediaciones del cementerio y allí prepararon la explosión controlada del artefacto.

La noticia corría como la “pólvora” entre los vecinos de la localidad, aunque los datos resultaban confusos. Algo se había encontrado en el pajar del “casero”, era algo grande, algún resto del pasado, alguna excavación romana quizás …

A las ocho y veinticinco de esa tranquila tarde de domingo se escuchó una explosión que dejo estupefactos a los sastaguinos, algunas cristaleras saltaron, como las de la Central 2 (próxima al campo de tiro), las
del cementerio y algunos cristales de casas de la localidad que también se vieron afectados por el tremendo impacto.

Todos salieron a las puertas a ponerse al corriente de lo sucedido, los vecinos hablaban y comentaban el evento; “lo que pudo haber sucedido, lo que tendremos debajo de nuestros pies y no sabemos, las que habrá por las cercanías, había que haberla explosionado en el monte, que hubiera sucedido si explosiona en el pueblo …”

Una historia que, afortunadamente, terminó sin graves consecuencias y aquí hemos querido hacer constar como recuerdo de un tranquilo domingo de primavera en Sástago.

Texto: Luis A. Serrano

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